No se puede cazar sin hambre

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No se puede cazar sin hambre. La naturaleza siempre nos da muy buenos ejemplos de casi todo. Si un león se ha zampado 30 kilos de carne y reposa en la ladera y pasa un apetitoso ñú a dos metros, lo más probable es que el felino ni pesateñee ya que sus necesidades básicas están más que cubiertas.

mov15m-asambleaEn la sociedad occidental actual, concretamente la española, nos pasa lo mismo que al felino después del yantar. Que como no hay hambre, o no se caza o se caza mal. No es algo exclusivo de España, pasa en todas y cada una de las sociedades que han alcanzado su ansiado estado de bienestar y están plácidamente contemplando lo que sucede a su alrededor. Si el movimiento del 15 M tuvo éxito y se expresó en las urnas con el nacimiento de Podemos, fue porque había crisis y hubo muchas familias que de verdad sí llegaron a pasar hambre. Y frío. Algo que los españoles no experimentaban en sus hogares desde la posguerra. Pero tampoco la suficiente porque entre la solidaridad de las familias, la ayuda de Cáritas y las ayudas del gobierno a los más desfavorecidos, más bien que mal se pudo salir adelante. Hoy, diez años más tarde del comienzo de la crisis, las panzas vuelven a estar, en general, llenas y, por lo tanto, ya no hay posibilidad de una caza como la naturaleza exige.

Hace dos semanas fui invitada a dar una charla a una clase de un máster de periodismo de una prestigiosa y carísima universidad de Madrid. Eran unos doce alumnos. Con sus carreras ya terminadas, les pregunté uno por uno qué querían hacer una vez terminado el máster. De los doce, solo uno, en concreto una, expresó su intención de montar una empresa. ¿Nacionalidad? china. El resto eran españoles, un colombiano y un mexicano. La china, con un increíble criterio de visión de mercado expresó que la barrera del idioma entre chinos y españoles era una oportunidad para su posible futuro negocio. Los demás, muy entusiasmados con la idea de firmar columnas de opinión en la sección de cultura de diarios generalistas. No les arriendo la ganancia. Hasta que eso llegue pueden pasar incluso dos décadas y en el medio sentir algo muy propio de estas nuevas generaciones y para los que nadie les ha educado: frustración. La china, como se lo monte bien, en menos de cinco años puede tener un negocio muy próspero. La que viene del comunismo, curiosamente, la que más hambre de caza tenía. Normal. 

Porque ojo, y esto también es interesante tenerlo en cuenta. Colombia y México quizás no sean países tan ricos o no dispongan de una clase media como España (sobre todo Colombia) pero sus jóvenes tienen más hambre de saber que los españoles. Leen más, hablan perfectamente inglés, viajan más, son más feroces a la hora de querer comerse el mundo. Cierto es que los dos que se sentaban en ese máster son unos privilegiados económicamente hablando para poder cruzar el charco y pagarse ese postgrado en Madrid. Pero en sus ojos se ve, y en lo que dicen, más ansia, más ganas de caza.

Obviamente no todos los españoles salen a cazar sin hambre o están desganados. Hay jóvenes muy ambiciosos, bien preparados y con unas grandes ganas de comerse el mundo. Pero no son la mayoría. La mayoría es una gran heredera del pesimismo español de la generación del 98. Casi  ciento veinte años más tarde de aquéllo se muestran muy poco esperanzados sobre su futuro y, lo que es peor, su única solución a resolverlo es la protesta y echarle la culpa a que el PP roba. El PP siempre tiene la culpa. Como si el resto de jóvenes en el mundo no tuvieran que enfrentarse a problemas similares y muchísimo peores y sin rastro del PP en mil kilómetros a la redonda. 

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Hace unos meses tuve una reunión en la facultad de Políticas de la Complutense de Madrid en el campus de Somosaguas. Esa misma facultad donde Podemos se fraguó. Nada más entrar creí estar en el plató de Cuéntame en su primera temporada. Banderas contra Franco, de la extinta URSSS, de apoyo a los presos de ETA. Incoherencias tales como el apoyo de grupos LGTB a la Autoridad Palestina (donde un gay puede ser arrastrado por una moto hasta la muerte solo por ser gay), o del Che que despreciaba profundamente a los homosexuales llegando a matarlos. Pancartas que rezaban: “Sexo anal kontra el kapital” (gran cita filosófica por cierto) y el lateral del muro que ocupa toda la pared de la cafetería con una pintura dedicada a lo que para ellos es un héroe: Alfon (cumpliendo condena de 4 años por tenencia de explosivos y por tener antecedentes penales).

image_galleryEstamos de acuerdo en que mis experiencias universitarias son las del campus de la Universidad de Navarra donde la metáfora de la universitas se refleja en los suelos de mármol que brillan y donde se respira un ambiente académico auténtico, de cultura y saber, de amor al conocimiento. Es decir, lo que viene siendo el espacio de creación de cultura y ciencia donde, si hay que debatir las ideas políticas, se hace dentro de las aulas, en el marco de una asignatura, donde se debaten todas y donde, por supuesto, no se impone ninguna. Ni una.

Comprendo que las comparaciones son odiosas pero, honestamente, no puede ser lo mismo estudiar en un lugar literalmente lleno de propaganda ideológica donde salirte de la norma oficial de pensamiento puede salirte caro que en una auténtica universidad donde esto, sencillamente, no se permite.

El otro día también fui invitada a unas charlas en la Universidad de Alcalá de Henares, (Genovifem, ponencias de mujeres, todas ellas profesoras de universidad de Navarra, Camilo José Cela y otras cuya temática será siempre la aportación de la mujer en la historia) En los pasillos y aulas de dicha universidad también se respiraba por todos los poros el ambiente académico que cito.

El campus de Somosaguas se me abrió como inesperado, como si vas a un templo budista y te encuentras una fiesta rave. Fue un choque brutal. Estamos hablando de la prestigiosa Universidad Complutense de Madrid. Me sentí decepcionada, no daba crédito, parecían las oficinas del partido comunista, no un lugar tan sagrado como ha de ser una Universidad, el templo del saber. Mi concepto de lo que un campus debe ofrecer ha de ser todo menos politización. Habrá quién diga que justamente la Universidad de Navarra adoctrina y yo digo que no, que no solamente no es cierto sino que, además, y esto no ha salido en los medios generalistas, invita a dar charlas a personajes como Juan Carlos Monedero. Una charla que tuvo lugar el pasado 18 de octubre en el ciclo de conferencias del ‘Observatorio político y electoral’, una plataforma de observación y análisis de los procesos políticos y electorales nacionales e internacionales destinados a los alumnos de Doble Grado en Derecho y Filosofía. Según me contaron quienes asistieron, el aula (con capacidad para 300 personas) estaba a reventar y durante 3 horas los alumnos escucharon con absoluto respeto al político. Un político que arremetió contra los propios alumnos por el hecho de poder estar sentados estudiando en esas aulas. Ya saben: desprecio a esos jóvenes porque sus padres han podido pagarles esos estudios. Una técnica muy típica de los podemitas que siempre obvian lo obvio: que lo que tú no pagas, otro lo hace por ti. Es decir, la matrícula de la UNAV la pagan los padres de los alumnos, y las de la Complutense las paga, en un 90% el estado, es decir, todos los que contribuimos. Parece mentira que tengamos que recordar esto e manera constante. Cuando un alumno de la pública se queja de las tasas siempre obvia, no se sabe muy bien por qué, que paga el 10% de su valor. Y que el resto es financiado con el dinero de los impuestos. 

9788417002084Pero este no es el sentido de este artículo. Llevaba tiempo barruntando el asunto y dos cuestiones se me han juntado, por un lado me he leído el magnífico libro La sociedad Gaseosa de Alberto Royo (ED. Plataforma Actual), que tiene mucho de enlazable hacia lo que estoy tratando de expresar: El triunfo de la inmediatez es lo que ha generado jóvenes que cazan sin hambre, sociedades que, al mínimo contratiempo, se derrumban y encuentran en el pesimismo y la queja y en el echar la culpa siempre a los demás, la mejor y única forma de expresión. Es el caldo de cultivo perfecto para el triunfo de los populismos (de izquierda y derecha) que siempre están dispuestos a ofrecer el maná gratis cuando nada existe en esta vida gratis (lo que tú no pagas, alguien lo hace por ti). Es lo que se les enseña desde niños, en hogares y aulas. Creemos niños felices, que aprendan jugando, que no se agobien, que no sepan qué es el esfuerzo, que eso ya lo vivirán de mayores. ¿Cómo si no lo han aprendido?

Es la sociedad imperante hoy día en las civilizaciones privilegiadas donde las necesidades básicas están más que cubiertas. Por lo tanto no hay hambre de nada, salvo en las mentes más ruidosas o educadas en el búsqueda de la verdad, en el esfuerzo y en el pensamiento crítico. Es el paraíso de los Paulos Coelhos: si deseas algo fervientemente el universo conspirará para dártelo. Una de las premisas más cursis, burdas, absurdas y mentirosas que más han triunfado. Que se lo cuenten a una madre que cruza el Estrecho embarazada del traficante que la ha violado después de haberle cobrado 4 mil euros y que, más que probable, pierda su vida o vea cómo la pierden sus hijos en medio del agua. O que se lo pregunten a cualquier mujer en una aldea de Kabul. Hace falta ser idiota para creer que solo con desear, las cosas saldrán solas.

Tal y como señala Paco Marhuenda en su artículo de la Razón: Las sociedades ricas adoran los mensajes buenistas y odian las malas noticias, el esfuerzo y los deberes. Lo que nos gustan son los derechos y que el “Papá Estado” lo resuelva todoÉl se refiere al independentismo catalán pero es aplicable a todo en general. Porque el tema catalán no es más que un vértice de todo lo que estamos viviendo, de esa cultura low cost donde resulta tan sencillo engañar a las personas.  El de prometer paraísos donde el maná fluirá verbigracia de lo que el político de turno imagina. “La imaginación al poder”, ¿recuerdan? De aquellos lodos…quizás es ahí de donde todo arranca. Basta con usar un lenguaje grandilocuente para despertar el sentimentalismo, el llanto fácil, el propio de las sociedades blanditas que conforman Occidente en general: el de las velas y los ositos cuando nos matan a tiros sin piedad. Eso es lo que somos, en eso nos hemos convertido. En sociedades cursis, ñoñas, blandas, sin capacidad de análisis, de una mínima reflexión profunda. ¿Qué reflexión podemos esperar de jóvenes que no han estudiado filosofía, que apenas conocen la historia, que no saben escribir y cuyos modelos de comportamiento son los que están en la parrilla de Telecinco? ¿Francamente? Ninguna. Esos jóvenes comprarán mucho antes que su vida no va bien, que sus salarios son una mierda (que lo son) porque el PP roba más que porque no se han esforzado. Desconocen que no se conquistó Roma en un día. No quieren escuchar que llegar a cobrar 3 mil euros al mes no se logra con un título de ciencias políticas recién sacado del horno y sin querer moverse de ciudad y apenas hablando inglés. 

Vengo de una familia humilde. Si bien es verdad que mis padres ya fueron a la universidad, mis abuelos, no. Y los cuatro abuelos, lógicamente, vivieron la guerra civil y lo que fue todavía peor, la posguerra. Mi abuelo materno sí tenía estudios, de hecho era profesor de matemáticas (y guardia civil), pero los otros tres, no. Cero estudios, nada más que los básicos (leer, escribir, sumar, restar…) Pero a los cuatro les sobró, como a todos o casi todos los de su generación, el sentido común y el sentido práctico de la vida. El saber que nada es gratis. Quizás porque pasaron hambre. No literal porque tenían aldea y eso les salvó, pero sí hambre de prosperidad, de vivir una vida mejor basada única y exclusivamente en el esfuerzo personal y diario.

Es de Steve Jobs la famosa frase, Stay hangry, stay foolish, en su discurso frente a los alumnos de la Universidad de Stanford, una de las más prestigiosas del mundo: Manteneos hambrientos, manteneos “payasos, tontos”, es decir, como niños dispuestos a no temer equivocarse. Merece la pena escucharlo y tenerlo presente, muy presente en nuestras vidas.

Sin hambre no hay caza. Y, si bien es verdad que debemos luchar por una educación pública de calidad, que enseñe el esfuerzo  (sí, el esfuerzo, el colegio no es un lugar para aprender a ser feliz, es un lugar para aprender conocimientos porque del aprendizaje se saca, además, mucha felicidad) somos los padres y no el Estado, los máximos responsables de educar en esta manera de ser, en esa necesidad de que nuestros hijos tengan hambre, de que no todo les sea dado y resuelto. Que tengan que esforzarse, que sepan que la vida ahí afuera solo premia al mejor, ni siquiera al más rico. La generación “porque yo lo valgo” está condenada a ser profundamente infeliz, al margen de abocada al fracaso.

Hay muchos millones de jóvenes en el mundo que sí tienen hambre: están en África, en muchos países de sudamérica, en las ex-repúblicas soviéticas, en China ( y son casi 1400 millones de chinos, ojo). Y esos jóvenes se mueven como las marabuntas, en silencio, sin prisa pero sin pausa en un mundo absolutamente globalizado donde aquí no va a servir de nada tener muchos ideales. Aquí solo va a sobrevivir el que tenga más aptitudes para la caza, es decir, el que tenga más hambre.

Como en la selva.

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One thought on “No se puede cazar sin hambre

  1. Lo que cuentas de Somosauas es terrible. un beso.

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