Igualdad sí, siempre. Uniformidad no, nunca

uniDice una periodista, Henar Álvarez, que firma en el Confidencial una columna que se llama “Con dos ovarios” que  “para que los niños y las niñas se sepan iguales debe verse iguales” y añade que, “eliminar los elementos que diferencian entre lo masculino y lo femenino en las aulas es prioritario”

Menos mal que no nos ha dicho a las mujeres qué debemos ponernos para ir a la oficina. O a la compra. O a la playa.

Eso sí, su columna se llama “Con dos ovarios” igual porque ella es mujer y tiene dos. Que ya le podría ir dando ese detalle una pequeña pista de su principal diferencia con un tío.

No somos iguales. Se ponga Henar como se ponga. Y gracias a Dios, a Isis, a la madre naturaleza, a Marx o a la santa biología. Lo somos  en derechos. Pero ni lo somos en aspecto, ni nos vestimos ni sentimos igual. Y, lo que es más importante, tampoco queremos que así sea. Yo, querida Henar, no quiero ser un tío. Y a mí, me gusta vestir como mujer, con tacones, pintarme los labios y las uñas. Y, como me sucede a mí, le pasa a muchas niñas. ¿Quién eres tú para quitarle ese derecho?

El artículo de Henar destila idealismo de la escuela de la filosofía vital Disney por todos los lados. Pero le añade una norma retorcida basada en una imposición que nos iguala a todos. Ah qué típico de las sociedades igualitarias. Y, además, por abajo.

Argumenta: “No sirve de nada que el profesorado explique que no hay diferencias entre ellos si les imponemos atuendos que fomentan la sumisión de un género“. ¿Y qué más podremos proponer para obtener dicha igualdad? ¿Que las niñas lleven el pelo corto?, ¿que no puedan llevar pendientes? ¿Qué hacemos cuando se conviertan en mujeres? ¿Prohibimos también llevar faldas y tacones de mayores?, ¿pintalabios?, ¿maquillaje? Oiga esto parece una idea sacada de un imán no de una que se considera a sí misma feminista. ¿No les parece? ¿Y en la playa para evitar las miradas lascivas que nos ponemos? ¿Un burkini? ¿O directamente un traje de baño masculino sin parte de arriba para que seamos todos iguales? ¿Estamos seguras de que esto no es una broma pesada de alguien que viene del pasado directamente de la Sección Femenina.

generoVayamos por partes. En primer lugar el profesorado, si explica y hace saber a los niños que son iguales a las niñas, les están mintiendo. ¿Qué van a explicar en la clase de biología cuando lleguen a la parte reproductora? ¿Que son iguales en todo salvo en ese pequeño detalle? Pues ese pequeño detalle es, justamente, el que marca las grandes diferencias que tenemos con los hombres.

La primera falacia es comunicar que todos somos iguales. Y que se contradice con la frase: cada uno es como es. Mis hijas, de 4 y 6 años, conviven a diario con niños y niñas que son totalmente diferentes a ellas. De raza negra, caucásica (la suya), asiáticas, judíos, musulmanes, católicas (ellas) y ateos. Y, por supuesto, niños y niñas. Y créanme que a partir de determinadas edades, las criaturas se organizan en pandillas unisex para sus planes, más o menos a partir de los 8/9 y ya luego, llegando a la universidad, tiende la propia naturaleza a volver a juntarles cuando en pleno éxtasis hormonal cada movimiento de melena o caída de pestañas hace estragos en alguna que otra entrepierna. Pura naturaleza, oiga.

La segunda falacia es pretender que las niñas no lleven faldas porque los niños se la levantan ¿Perdón? Al más puro razonamiento de cualquier vulgar imán de mezquita de quinta trasladamos el mensaje: Mujer, tápate, no provoques, no des facilidades al hombre que, el pobre, no sabe controlar sus instintos. Vamos a ver Henar, ¿tú me estás diciendo que mis hijas no tienen que llevar falda para evitar que los tíos de su colegio le vean las bragas? Oye, ¿y de mis escotes para que a mí no me meta mano cualquiera por la calle me vas a decir algo? Te leo y te juro que no doy crédito.

Estamos diciendo indirectamente que tenemos unos macarras como hijos que funcionan a base de instinto sexual y que son incapaces de controlar sus impulsos. ¿Qué más queremos? ¿Un cinturón de castidad para evitar que violen a nuestras hijas? En lugar de educar a los niños a que eso no se hace resulta que lo que hacemos es tapar a las niñas. ¡Pues sí que estamos haciendo un pan con unas tortas!

lideres_heridosA mí me costó trabajo entender que el colegio de mis hijas (LFM) tuviese como norma no llevar uniforme. Para mí hubiera sido mucho más fácil no tener que lidiar con dos pequeñas que, fíjate tú, tienen su propio criterio a la hora de vestirse y ¡lo reclaman! Cuando supe las razones de no llevarlo las encontré lógicas: uno de los valores de su enseñanza es inculcar a los alumnos la defensa de sus ideas (siempre que no menoscaben los derechos de los otros) y defenderlas a través del razonamiento lógico (unas ideas, como ven, muy típicas de la Razón) No cabe en ese razonamiento que se les uniforme ya que entienden y llevan a gala que cada alumno tiene su forma de ser y expresarla a través de cómo se viste. Es más, en el LFM un alumno puede llevar un piercing si así lo desea. Y mis hijas pueden llevar las uñas pintadas, algo por cierto, que a la pequeña no le puede gusta más. Doy por hecho que si un niño quisiera hacer lo mismo no habría el más mínimo problema. Lo que no se permite es llevar velo o crucifijos visibles pero eso es otro tema que nada tiene que ver con el sexismo. Ojo, no estoy diciendo en ningún momento que me encante lo de los piercing o una cresta pero entiendo que eso depende ya más bien de cómo los padres eduquemos a nuestros hijos. Y no es el texto para valorar qué me parecen esos

Esto es una verdad tan grande que resulta hasta idiota tener que explicarlo. Todos los seres humanos nos expresamos también a través de cómo vamos vestidos. ¿Por qué negar ese derecho a los niños? En mi casa tengo un ejemplo clarísimo de cómo dos personas del mismo sexo y educadas en el mismo hogar tienen gustos totalmente opuestos. La mayor odia los vestidos (en realidad lo que odia son los leotardos) y la pequeña detesta los pantalones. Por lo tanto, si fuesen a ese colegio imaginario e idealista que pretende Henar Álvarez, la pequeña sufriría en nombre de una ideología totalitaria, absurda, que no respeta su individualidad y la libertad de cada ser humano y que lo único que pretende es lo de siempre: la imposición de su ideología.

new-brazil-women-boyfriend-font-b-jeans-b-font-women-font-b-sexy-b-font-lowUn pantalón no me otorga como mujer más derechos que una falda. Un pantalón no me protege de miradas lascivas y vestirnos a todos por igual no nos iguala en derechos. La chica de la imagen lleva pantalones y no creo que eso la proteja de miradas de deseo. El deseo en los seres humanos, eso que nos facilita que sigamos existiendo como especie, salta por muchas cosas, por una mirada, por un olor, por una voz, por un noséqué, y reprimirlo con capas de ropa es propio de otros regímenes e ideologías.

La ideología de género, sin duda de las cosas más nefastas y dañinas que nos están pasando, se empeña en obviar las cosas más evidentes: la fuerza de la biología, de la naturaleza. Pretende hacer playas de dunas de arena artificial para contener todo un océano y termina por estallar en la cara.

Olvida y obviar de manera torticera una de las mayores bendiciones que la naturaleza nos ha otorgado a las mujeres y que es la capacidad para gestar vidas. Algo tan elemental como eso nos hace radicalmente distintos a los hombres. ¿Cómo se conjuga, por ejemplo, que somos iguales a la hora de legislar un permiso por maternidad? Porque ahí tenemos un problema y de los gordos. De hecho, algún que otro moderno e iluminado ha resuelto con un “ni pa ti ni pa mí” y ha dicho: la baja, a pachas, la mitad para la madre y la mitad para el padre. Obviando todo lo que la naturaleza tiene que decir y que es que el bebé a quién necesita es a la madre y la madre, al bebé.  Que luego una pareja se apañe de otra manera no invalida que la mayoría quiera hacer las cosas como la propia biología demanda. No se legisla en base a casos particulares. 

La igualdad no consiste en ser todos iguales, esa es una mentira y de las gordas. La igualdad consiste en tener los mismos derechos siendo diferentes. Y no empeñarse en cambiar lo que, de serie, nos viene otorgado. ¿No estamos luchando porque nos niños transgénero sean aceptados en sus diferencias? ¿Entonces por qué las niñas y los niños, no? Un colegio de secundaria británico, dice el País, ha instaurado un uniforme idéntico para chicos y chicas con el propósito de “solucionar problemas de desigualdad y decencia”. Pantalón gris, zapatos negros, camisa y corbata. Todos los alumnos nuevos del colegio Priory, en la localidad de Lewes, East Sussex, llevarán un atuendo “de género neutro”. Con la medida, el centro privado persigue dar respuesta a las quejas por el largo de las faldas recibidas en cursos pasados y evitar el eventual sentimiento de exclusión de los menores transgénero.

Es decir que para vestir a un santo desvestimos a otro, con el agravante de que aquí, para satisfacer a una minoría pero muy minoritaria, se retiran los derechos a los demás. ¿No sería mucho más sensato que existan dos uniformes y que cada alumno decida cuál quiere llevar? Esto ya lo teníamos en mi colegio hace 35 años. El uniforme era un pichi pero para las niñas que querían llevar pantalones, había un pantalón y fin del problema. Es tan ridículo obligar a las niñas a llevar falda porque eso es de niñas como obligarlas a llevar pantalón porque así somos todos iguales.

Basta ya de imposiciones que nada tienen que ver con la realidad de la vida. Somos diferentes y ahí está la riqueza. Un niño educado en Thailandia es distinto que uno que crece en París. Por Dios ¡si hasta un niño de Hernani tiene diferencias evidentes con uno criado en Chiclana!

 

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