El odio como argumento

arrimadas-655x368Las redes sociales han inaugurado una nueva forma de convivir. Incluso las leyes han tenido que modificarse para tener en cuenta el delito de odio, difamación, etc que antes tan solo ostentaba quién tenía voz y voto mediática, es decir los medios de comunicación. Cualquiera con redes sociales puede decir una barbaridad y que esta tenga dos vías: que muera sin pena ni gloria, o que se magnifique de tal manera que convierta al autor de dicha burrada en el protagonismo de un linchamiento sin precedentes y, lo que es peor (o no) objeto de una dura sanción por parte de los tribunales. Acuérdense de la tuitera Cassandra que fue condenada a un año de cárcel por hacer incitación al odio de las víctimas del terrorismo (que no por hacer chistes de Carrero Blanco que son cosas distintas).

Ayer Inés Arrimadas, la política de Ciudadanos catalana, denunció en su red social de twitter los exabruptos que una mujer, hasta ese momento anónima, le dedicó en su cuenta de facebook en modo público: es decir, con ánimo de que lo lea quién quiera. Pero la señora, que era hasta ese momento totalmente anónima, tuvo la mala suerte de que alguien hiciera una captura de su asqueroso comentario y que éste llegara a Inés Arrimadas que, en el mismo derecho que la que la insultaba aunque sin insultos ni odio, lo colgó en su cuenta de twitter con nombre, apellidos y foto. Ahí es nada. Como la política tiene cientos de miles de seguidores y un redactor en cada medio de comunicación pendiente de lo que escriba, el tema se hizo viral en segundos. Pobre Rosa María. Enseguida se vio obligada a cerrar sus cuentas sociales, incluida la de linkedin donde ponía su lugar de trabajo…que horas más tarde perdió. Así es la vida. Creo que para escribir esas cosas más bien valdría no vincular tu nombre con tu trabajo y evitar así el mal trago de quedarte sin curro.

Francamente lo que le pase a esta señora me importa muy poco, las consecuencias de sus actos es lo que le está pasando y en contra de lo que los amantes de la corrección política opinan, en dos días se habrá olvidado su asunto y las redes estarán atacando a otro incauto. Con más o menos razón. Dudo que se vaya a quedar para siempre sin trabajo. Google reconoce por sentencia judicial el derecho al olvido y a poco que se esfuerce lo logrará. Solo tiene que reflexionar, descansar unos días y, quién sabe, de todo esto sacará alguna enseñanza.

Que la señora sea independentista es lo de menos. Los haters de internet son de todas las ideologías. A mí me han escrito auténticas barbaridades en los comentarios cuando he publicado en ABC y en El País. Barbaridades ad hominen, no contra mis argumentos. Y esos son los que realmente hacen daño porque precisamente se hacen con esa intención.

Ayer en el muro de una persona se debatía el tema de Juana Rivas. Un tema polémico que, tiene a la sociedad profundamente dividida. Yo no me posiciono de manera ciega ante esta mujer por varias razones. En primer lugar porque la sentencia no condenó jamás a su ex marido por violencia machista sino por violencia familiar, esto es, ambos se enredaron en una discusión y terminaron agarrándose. Como él es más fuerte, le hizo daño en las muñecas. Eso es lo que dice la sentencia por la que fue condenado 3 meses. Pero no debía de ser tan peligroso para ella cuando volvió más tarde con él y tuvo otro hijo. Sí, ya sé que las maltratadas pueden volver con su maltratador pero no ha quedado nada claro que éste lo sea. Lo que sí ha quedado claro es que Juana ha tomado la justicia por su mano y en cuanto se ha cansado de su vida con él, por las razones que sean pero que no son maltrato, ha decidido que cambiaba de país dejando al hombre sin ver a los niños un año y medio. Ella ahora lleva una semana sin verlos y lo lamenta.

Para mí ser mujer no otorga per se santidad. He conocido auténticas malas mujeres, arpías, sinuosas y destructivas de todo lo que tocan. Y he visto mujeres amenazar a hombres con denunciarlos por malos tratos para obtener lo que quieren. Como la LIVG se posiciona a favor de la mujer sin ninguna duda, muchos hombres están literalmente acojonados. Hombres que serían incapaces de levantarle la mano ni a una mosca. Por supuesto esto que estoy diciendo no invalida en absoluto mi firme creencia en que existe el machismo (que no es lo mismo que pegar porque si bien todos los que pegan son machistas, no todos los machistas, pegan), existen los auténticos monstruos que maltratan psicológica y físicamente a sus mujeres, a sus hijos, existen auténticas alimañas, demasiadas, insisto y, por desgracia, siguen existiendo víctimas mortales de esta lacra. Pero eso no implica que todos los hombres sean malos y todas las mujeres sean buenas.

Esta defensa es la que llevé al muro de facebook referido y, para mi sorpresa me desayuné con este comentario:

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La señora dice que no tiene calificativos para mí. Tampoco entiende cómo puedo llevar temas de familia. Una señora que no me conoce de nada pero que, como no acepto SU DISCURSO ÚNICO, en primer lugar ataca mi labor profesional como periodista de familia, intachable en los últimos años. Después entra de lleno en temas personales: “seguro que tú no tienes a nadie en tu vida que te haya querido”, oh, vaya, ella va repartiendo las decisiones en público a personas desconocidas de si alguien ha sido querido o no. Pero sigamos. Disertación de tonterías. ¿Tonterías porque no digo lo que tú quieres que diga? ¿Porque digo que yo sí he conocido personas mujeres malas? ¿Eso es una tontería o una tontería es lo que ella afirma sin ningún tipo de conocimiento pero llena, rebosante de odio? Cuando dice co…s se refiere a coños porque yo dije que el coño no otorga santidad y así lo creo. De lo contrario no habría mujeres que roban, que asesinan, que matan a sus hijos etc. Ella es un ejemplo de mujer que no es buena. Una persona buena no destila ese odio. Luego dice que le aburro y que no ha llegado a la mitad de mi disertación, le aburro pero se toma la molestia de insultarme. Y por último me dice que por qué no busqué un hombre para hacer las tareas del hogar y cuidar a mi hija (se refiere a la primera cuando era bebé y que conté que una que tenía en casa la dejó sola y la despedí por tal motivo) En fin, ella ha decidido si he sido o no querida, que soy incompetente para desarrollar mi profesión, que digo tonterías, que nadie me ha querido y, para colmo, decide qué decisiones he de tomar para contratar a alguien en mi casa. Eso sí, que no falte la guinda de su ser solidario, un hombre que esté en paro y no puede alimentar a sus hijos. Solo le faltó añadir ahí la música de violines. También le falta una dosis de realidad sobre personas que buscan trabajo en hogares limpiando y cuidando niños. Pero eso ya sería pedirle demasiado.

Este es un ejemplo de odiadora profesional en las redes sociales. Te ataco a ti, personalmente, que no te conozco de nada, digo cosas gravísimas en público con el único ánimo de ofender y hacerte el mayor daño posible y ojito con que me repliques que te vas a enterar. Por supuesto se considera feminista pero ojo, no tiene el mínimo reparo en atacar e insultar a otra mujer si no entra por el aro de su pensamiento único. Las hay a miles. O piensas como ellas o van a por ti. ¿Les recuerda eso a algo? Bingo, a fascismo. Todo está inventando. Y lo que esa señora ha hecho y que no voy a dejar pasar ni tampoco voy a olvidar, se hace a diario.

El odio que estamos padeciendo actualmente es tan grave y tan profundo que tal pareciera que estuviésemos a punto de iniciar una guerra civil. La mujer que escribió contra Arrimadas no estaba ejerciendo el derecho de libertad de expresión, estaba ejerciendo el derecho de libertad de insulto y de odio. Y ése debe ser castigado por la ley porque todos, por esa regla de tres, tendríamos derecho a levantar la mano a quién nos irrite con su manera de pensar. En España tuvimos el mejor ejemplo de qué significa llevar ese odio hacia quién no piensa como nosotros. Y esa gente, gentuza más bien, que tanto recuerda la terrible dictadura, se revela siempre como la más dictadora e intolerante.

Y contra estas personas hay que actuar. Con la ley en la mano. Y eso haré. Que no le quepa la menor duda.