Los déspotas de la corrección política

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En la historia de la Humanidad pocos acontecimientos históricos han marcado más que la revolución francesa. Considerada la frontera entre el antiguo y el nuevo régimen, no se ha hecho esta distinción en la bibliografía por una cuestión baladí. A pesar de que las ideas que de ella emanaron tardaron décadas en llegar a la masa, fue en los salones de la Ilustración donde nacieron buena parte de las ideas que hoy tenemos, al menos en Occidente. La Ilustración trajo consigo numerosos avances aunque también puso los cimientos para que se desarrollaran en un futuro ideologías tan profundamente dañinas como el comunismo.

Una de las cosas que trajo la Revolución Francesa fue el despotismo ilustrado, una forma de pensamiento que se resumía en la famosa frase Tout pour le peuple, rien par le peuple (todo para el pueblo pero sin el pueblo) O, lo que es lo mismo: desde las instituciones queremos decirte cómo tienes que pensar. En los comienzos del siglo XXI y en las sociedades más “avanzadas” vivimos totalmente inmersos en dicha dictadura ideológica que bebe del manantial del genuino despotismo ilustrado. Bajo la pátina de lo que te conviene pensar nosotros te marcamos las líneas correctas de dicho pensamiento. Pobre de ti como te lo saltes. Por supuesto no existe la disidencia, ergo la libertad.

Mis hijas, de casi siete y casi cinco años, siempre se han criado en la misma casa con el mismo padre y la misma madre. Hago esta salvedad explicativa para poder desarrollar otros conceptos. Que vivan así supone que se han criado en la misma familia, con las mismas normas o ausencia de las mismas, con los mismos criterios para ambas, valores etc. Y, como podrán intuir todos aquellos que tengan más de un hijo, son totalmente diferentes en su manera de ser.

Doña Tecla, la mayor, es más reflexiva, prudente, más secundaria en las emociones, no muy dada a dar besos y abrazos, piensa más las cosas y decide cuándo, cómo y a quién mostrar sus sentimientos y generalmente controla muy bien sus emociones en público. El día que el curso pasado su padre y yo fuimos a hablar por vez primera con su tutora, pasados varios minutos, nos aseguramos con ella, incluso con foto de la niña, que estaba hablando de ella puesto que nos relató una manera de ser totalmente diferente a la que muestra en casa (que es dónde ella tiene confianza para protestar por algo si no está de acuerdo) En el colegio, le pase lo que le pase, ella no lo demuestra. Especialmente si lo que tiene es pena o tristeza.

Mofletes Prietos es, por el contrario, efusiva en sus sentimientos, cariñosa, dada a hablar con todo el mundo desde el minuto cero, simpática, primaria en sus emociones para bien y para mal y terriblemente simpática. Al contrario que su hermana que en cuatro años de escolaridad ha acumulado la cifra de dos castigos en el colegio, ella va a dos castigos semanales como mínimo. Castigos porque no suelen aceptar de buen grado las normas, se levanta, se va, se mueve, de repente le da besos y abrazos a una niña o a un niño en mitad de una narración de un cuento…en fin, una niña muchísimo más movida. Y, por qué no decirlo, más agotadora a nivel físico para unos padres añosos como nosotros.

A doña Tecla le encantan los animales. Todos. Pero en especial y por este orden: caballos, perros y gatos. Desde hace 3 va a clase de equitación y, por desgracia para nuestro bolsillo, su afición va a más. Se puede tirar horas viendo documentales de animales y demuestra tener muchísima más empatía por ellos que por ciertas personas. Cualquier cosa que le hagan a un animal a ella parece afectarle muchísimo. Ayer vimos una noticia en la que se contaba que la cría de un delfín lactante había muerto en la orilla de una playa gracias a la estupidez de varios turistas de hacerse selfies con ella. Para ella esto es inadmisible, se indigna y cabrea. El día que el perro de mis suegros falleció, el año pasado, lloró tanto que creí descomponerme con ella. Fue duro ver cómo sufría tanto.

Mofletes Prietos demuestra tener toda esa misma pasión que su hermana ejerce con los animales, con los bebés. Tanto que es agotador ir por la calle con ella y encontrarte con bebés puesto que quiere pararse con todos y tocarlos, algo que no siempre es bienvenido por la mamá correspondiente y que yo comprendo puesto que un recién nacido es más débil y puede ser expuesto a los microbios que una niña de 4 suele tener en las manos. El caso es que ella me pide que le ponga en Youtube vídeos de bebés. Así es ella. Y me pregunta todo el rato por temas relacionados con la crianza, el embarazo, los partos (ha visto unos cuantos ya en vídeos)…Podemos decir que ha nacido para ser madre.

¿Para qué les he soltado todo este rollo? Pues para contarles dos anécdotas que tienen muchísimo que ver con los tiempos de dictadura ideológica que vivimos actualmente y que penan a quién se sale del pensamiento único marcado. Les voy a contar dos situaciones idénticas que pasaron con mis dos hijas en diferentes momentos. Empiezo con Doña Tecla.

Un buen día Doña Tecla supo qué hacíamos los humanos para obtener la carne que comemos. Concretamente, la de ternera. Y, amante como es ella de los animales, no le gustó nada lo que le dije. Viendo que estaba empezando a sufrir por el tema y sabiendo como es de mala comedora, suavicé el tema diciendo que no se mata a los animales sino que se espera a que se mueran. De momento ella misma ha dejado el tema medio aparcado pero saldrá de nuevo. Entre las cosas que dijo, ya llorando, fue que cómo era posible que separasen a la vaca madre de la ternera hija si la ternera tenía que seguir tomando la leche de su mamá…al lado de su mamá.

Obviamente contarle esto a la gente provoca siempre y por unaminidad que todos digan: ohhhh, qué niña tan dulce y sensible, cómo quiere a los animales, qué maravilla de sensibilidad y qué acierto en todo lo que dice. También ha opinado lo mismo cuando ha visto cómo se separan a las perras de los cachorros para ser o bien vendidas o bien dadas en adopción. Lo primero que ha preguntado es cómo es posible que separen al bebé de la mamá. Y siempre la gente piensa lo mismo de ella: qué niña tan comprometida con la naturaleza, con la vida, qué sensibilidad.

Yo, que soy su madre, opino lo mismo. Claro.

Y ahora veamos una anécdota de Mofletes Prietos que adora ver vídeos de recién nacidos besados por su mamá y puestos enseguida en su pechito para tomar la leche.

Un buen día, hace un año, cuando tenía 3, me preguntó lo siguiente:

-Mamá, ¿a qué los chicos no se pueden casar con los chicos y a que las chicas no se pueden casar con las chicas?, ¿a qué no, mamá?

La verdad que me quedé perpleja porque no me esperaba en absoluto esa pregunta. Dudé qué decir y decidí decirle la verdad: que sí, que sí que se podían casar porque eso es lo que pueden hacer en España que es el país en el que vivimos. Dudé porque no sabía qué pregunta vendría después y no sabría qué responder.

Ella, se quedó pensando y dijo.

-¡Qué tontería! Si se casan dos chicas entonces no hay padre y si se casan dos chicos no hay mamá, y un bebé no puede estar sin su mamá porque entonces se pone muy triste y no tiene teta.

Tanto la mayor como la pequeña argumentaron exactamente lo mismo con respecto a un mamífero. Que era una injusticia quedarse sin mamá. ¿Qué creen ustedes que ha dicho la gente cuando he contado esta anécdota? Pues ha habido de todo, algunos me han dicho, pues tiene mucho más sentido común tu hija que muchos adultos, otros han dicho; pues vaya educación homófoba le estás dando a tus hijas y los más, se han limitado a sonreír, algunos porque no quieren decir que están de acuerdo por miedo a ser tachados de intolerantes y otros porque no saben qué decir.

El caso es que el razonamiento de Mofletes está basado en la lógica, especialmente cuando se trata de dos padres (si hay dos madres, lógicamente, no) y, desde ese punto, es incontestable. Sí, claro que un bebé puede tomar un biberón. También lo puede tomar una ternera o el cachorro de un perro. Pero el tema no es la leche si no el concepto de la madre y lo que para ella es una verdad incontestable sobre todo teniendo en cuenta la importancia que la madre tiene a esa edad.

¿Qué se supone que como padres debemos decirle a Mofletes? ¿Que tiene razón? ¿Que no debe pensar así porque si piensa así entonces la van a machacar? Yo le expliqué que había diferentes modelos de familia pero ella no pareció quedarse conforme. Ya, pero es que entonces no tiene mamá, seguía sosteniendo. Y para ella no tener mamá es inadmisible. Se podría haber muerto, dirán algunos, Sí, y para ella eso sigue siendo inadmisible. De hecho es su mayor temor, que yo me muera. Tanto que en cuanto me salen canas me tengo que teñir porque se pone literalmente enferma y cree que es una señal inequívoca de que me voy.

Opté por decirle que ella podría pensar cómo quisiera. Que tiene derecho a opinar lo que le dé la gana sin ofender ni insultar (lo cierto es que una niña de 4 años no ofende jamás en ninguna parte del mundo). Que si cree que lo correcto es tener un padre y una madre que lo diga. A doña Tecla no se le presenta esa disyuntiva porque toda la sociedad admite que su reflexión es digan de “ohhh, qué linda es tu niña”, mientras que la de Mofletes entronca con la firme oposición del pensamiento políticamente correcto.

Y así estamos, en el año 2017, con más miedo que en 1917, en plena Primera Guerra Mundial, a expresar opiniones, a decir claramente qué pensamos.

Y esto para mí es muchísimo más preocupante que el calentamiento global o que se prohíban los toros. Las sociedades dormidas están sedientas de ser tuteladas, necesitan ansiosamente que les digan cómo tienen que pensar para, precisamente, no elaborar por sí mismos un discurso independiente ajeno al qué dirán. Opinar no es cercenar los derechos de nadie. Decir que crees que un bebé necesita crecer con un padre y una madre no es cercenar el derecho de ningún gay, si acaso lo cercenará la ley que lo consiente pero no el ciudadano que lo expresa.

Nunca antes había salido tan caro decir que el rey está desnudo. El despotismo ilustrado está en pleno vigor.

One thought on “Los déspotas de la corrección política

  1. Por decir esas cosas llevo yo años en la clandestinidad. Un beso.

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