Recién parida. ¿Por qué nadie me dijo que iba a ser todo tan duro?

como-prevenir-la-depresion-postpartoEstoy embarazada por tercera vez. Será por primera vez un niño. Y no le he dedicado al pobre ni una sola entrada. Es lo que tiene repetir. Todo es un deja vu. Eso y que a mí no me gusta estar embarazada. Es más, no me gusta nada. Pierdo toda la energía, soy como Superman al lado de la criptonita. No solo eso, vomito hasta la semana 20 más o menos, después de cesar los vómitos viene la acidez, me duelen muchísimo las piernas, la pelvis, me muero de sueño y en general estoy más irascible. Total que para mí estar embarazada es un auténtico coñazo. No soy yo. Suelo, además, tener una barriga enorme desde la semana 12 que, lógicamente, no deja de crecer. Por lo tanto si me tumbo, después me cuesta muchísimo trabajo levantarme. Recuerdo con horror el insomnio del primero. Afortunadamente en el segundo y el tercero esto no me ha pasado.

Quizás porque mis embarazos no son buenos adoro, sin embargo, la parte que viene justo después y que es la del post parto y puerperio. Imagino que es algo inherente al ser humano, que después de un sufrimiento, cuando éste cede o desaparece, uno siente algo parecido al éxtasis. Pues eso me ha pasado a mí con mis dos hijas después de nacidas, que ni la cicatriz de la cesárea ni la inexperiencia de la primera vez ni el acumulamiento de tarea la segunda, me trajeron grandes problemas. Sin embargo tampoco fue maravilloso como a veces mi mente me lo pinta en el recuerdo. El puerperio tiene cosas muy fastidiadas y es bueno decirlas para que las que están ahora embarazadas y/o en plena fase sepan que no están solas, que no son raras.

Explicaré de modo resumido cuáles fueron mis circunstancias. En mi primera hija yo estaba sola. Sin pareja al lado. Ni ayuda de ningún tipo más que una asistenta una vez a la semana. Claro que eso se remedió cuando doña Tecla cumplió un mes que cogí ayuda en forma de persona interna. Una persona muy mayor porque yo lo que necesitaba era una madre, alguien que se ocupara de mí y me hiciera guisos calientes porque si de mí hubiera dependido me hubiese alimentado a base de bocadillos. No había tiempo para más.

He de decir también que haber tenido a mi hija una semana en la UCI hizo que llegar a casa con ella me pareciese gloria bendita y que todo lo demás careciese de importancia. En el tema sueño, pasar de apenas dormir en el embarazo y lo poco que dormía era una duermevela a dormir profundamente, hizo que cuatro o cinco horas me pareciesen una bendición. Doña Tecla fue un bebé que hacía las tomas (el pecho a demanda) cada cuatro o cinco horas. Y me dio exactamente lo mismo que la pediatra de turno (que no tenía ni idea de lactancia materna) me dijera que la tenía que despertar cada 3 horas. También decía 10 minutos en cada pecho, la pobre.

Cada madre hace lo que puede para poder descansar y mi manera de hacerlo era dormir con ella en la cama (pegada a la pared porque tenía miedo de que se cayera) y le daba así el el pecho sin que apenas nos despertásemos las dos. Era algo placentero, delicioso, íntimo, único.

Pero si he de ser honesta también hubo momentos de angustia, incertidumbre, agobios, tristeza. Y es que las hormonas son tremendas, te llevan al cielo y a los cinco minutos al infierno. Hacen que te sientas una inútil. De repente, después de días haciendo lo que puedes te das cuenta de que llevas 4 sin lavarte el pelo, cinco con pijama, que tienes no sé cuántas llamadas perdidas, que hay un montón de cosas que pensabas que harías cuando el bebé durmiese y que no has ni recordado que las tenías en mente. Además de todo esto hay momentos en los que dudas si has hecho bien en ser madre, en que te planteas si quieres o no a ese bebé. Incluso hay mujeres (y a mí me pasó y me consta que no soy la única) que temen perder la cabeza y hacer daño a ese bebé. Se temen a sí mismas, es como si no quisieran escuchar esa voz y en lugar de contárselo a alguien, callan. Pues mi consejo es que no calléis y pidáis ayuda. No vais a hacer daño a vuestro bebé, pero no contarlo os traerá angustias, problemas, desazones. Hablad. Desahogaos.

El puerperio es una fase tan bonita como crítica para la mujer. Generalmente nadie le pregunta qué tal está, se da por hecho que es feliz y punto. Y no, no es así. A veces no lo es y no pasa nada. Las recién paridas jamás deberían estar solas. Deberían estar siempre acompañadas, preferiblemente por otra mujer que se encargue de ellas, que las cuide, que les prepare una rica comida, que se ofrezca a quedarse con el bebé mientras ella se ducha o se pone una mascarilla en el pelo, que le haga la manicura o un masaje en el cuello. Que la escuche, que no la juzgue, que la entienda. Que la llene de cariño y que le ofrezca un hombro para llorar porque sí, porque le apetece llorar.

Hay mujeres que llegan a la maternidad tarde, muy tarde, y vienen de una vida profesional exitosa donde todo lo controlan. Mujeres inteligentes, independientes, felices en sus vidas. Ésas suelen caer más fácilmente en la “pequeña depresión” del puerperio, porque el contraste es brutal. Acostumbradas a controlar hasta el último detalle de sus vidas, de sus personas a cargo en sus equipos, se ven descontroladas ante un ser de no más de seis kilos que a veces no para de llorar y que parece que tiene un radar: de estar profundamente dormido, pasa a llorar como un cosaco, solo porque te has medio incorporado del sofá para ir al baño.

Tampoco me son ajenas las sensaciones de preguntarte íntimamente si has perdido para siempre esa libertad de la que disfrutabas justo antes del día del parto. Pues sí, se recupera. Volverás a salir y entrar como antes. Bueno, como antes jamás será tu vida pero sí muy parecida si sabes organizarte. Volverás a trabajar, volverás a tomarte una cerveza sin mirar el maldito reloj y volverás a bailar en una discoteca. Incluso volverás a viajar. Pero habrá una diferencia con respecto a antes. Nada de eso te llenará tanto como tu propio hijo. Querrás libertad pero con límites, con hora. Recuerdo que antes de ser madre hubo noches de desenfreno donde no había hora para volver a casa, que amanecía y estábamos desayunando bocata de calamares, que a veces incluso me llegué a atrever a ir a otro local. Todo eso desapareció por arte de magia al ser madre. Simplemente dejó de interesarme como dejó de hacerlo la noche (también tenía 36 años). Es verdad que todas las cosas que hacías antes de ser madre terminan por volver (no todas) pero sí vuelve el gimnasio, el quedar con amigos, el salir con ropa ajustada, los tacones, ir maquillada y, sobre todo vuelve tener una vida organizada y sin sobresaltos. El recién nacido termina por tener unos horarios definidos. Deja de mamar cada hora en los casos extremos y, oh sorpresa, empieza a estar a gusto en brazos de otro (ojo, que eso te va a dolor, so masoquista).

Si eres madre primeriza y estás en puerperio te voy a decir una cosa que no te vas a creer pero que es así: ahora estás viviendo lo más fácil de la maternidad. Sí. Lo que ahora pasas está chupado. Lo difícil vendrá después, a partir de cuando tienen unos cuantos años más y saben expresar tus opiniones y cuestionártelas, te contestan, no quieren hacer lo que tú les dices, llegan los deberes y no quieren hacerlos, tienes que educar de verdad en serio, tienes que ser su modelo y su patrón, no puedes decir según qué cosas, ni hacerlas, porque eso pasa factura. Yo he dejado de fumar en el embarazo, pues bien, doña Tecla, que tiene casi siete años, me ha hecho prometerle que no volveré cuando nazca su hermano. Y cometí el inmenso error de decirle a una amiga que en su embarazo fumé, poco pero lo hice. Y me lo ha echado en cara casi con las lágrimas en los ojos. Me ha dicho que cómo he sido capaz. Sí, sí, los hijos te cuestionan y eso duele muchísimo más que no poder peinarte en días. Y me consta que la adolescencia es más exigente todavía. Al fin y al cabo mis hijas (6 y 4) “todavía me quieren” de manera 100% entregada y todavía depende psicológicamente al 100% de mí y de mi criterio. Eso genera muchísima ansiedad y a la vez orgullo…y dependencia hacia ser imprescindible.

La maternidad es eso. Luces y sombras. Y la peor de las sombras es…que jamás vuelves a estar tranquila. Aprendes, eso sí, a vivir con eso, de ahí que vuelvas a dormir a pierna suelta. Pero sabes que ya nunca más pensarás solo en ti. A partir del día que nacen ya nunca más piensas en singular. ¿Cómo se compensa todo esto? Con amor, ¿Cómo si no? El amor que se siente por los hijos es tan inconmensurable que si eres atea hasta te planteas la existencia de Dios. Y lo mejor de todo es crece cada día. Cuando crees que no puedes quererlos más, pues vas, y eso cambia. También tiene algo grandioso y es ver día a día cómo se forma un ser humano, cómo van aprendiendo, cómo van descubriendo y cómo pueden ser tan diferentes dos hermanos criados con los mismos padres, en el mismo entorno y los mismos valores. Todo eso es, simplemente, maravilloso.

Miedos, incertidumbres, llantos, pero alegría inmensa, nunca querrás a nadie como quieres a tus hijos. Y lo mejor de todo es que jamás asalta la duda sobre ese sentimiento como sí lo hace con una pareja. Con los hijos es incondicional.

One thought on “Recién parida. ¿Por qué nadie me dijo que iba a ser todo tan duro?

  1. Me ha encantado tu reflexión, y estoy de acuerdo con todo lo que has dicho. El puerperio esta lleno de dificultades e incertidumbres. Soy matrona, y en mis clases (la mayoría son primerizos) intento “ubicarles” en la realidad de lo que ocurre, sobre todo en esos primeros meses después del nacimiento del bebé y muchas veces tengo la impresión de que creen que exagero o que simplemente mi visión de esta etapa es demasiado negativa. La FAME (Federación de Asociaciones de Matronas de España) hizo un documento muy interesante (y realista) de qué es el puerperio y creo que merece la pena echarle un vistazo (http://www.federacion-matronas.org/documentos/profesionales/i/17096/124/como-superar-el-puerperio-y-no-rendirse-en-el-intento), e intento que todos los futuros papas y mamás lo lean antes del nacimiento, para que sepan a qué se van a enfrentar. Os lo recomiendo a todos los que vais a vivir la experiencia de ser padres

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