Vomitar en las redes sociales

Tener un blog y o publicar en medios conlleva que mucha gente no esté de acuerdo con tu opinión. Algo lógico si tenemos en cuenta que afortunadamente el mundo es muy diverso en cuestión de ideologías. Las redes sociales han puesto de manifiesto que aquellas críticas despiadadas de personajes que las usan como medio para verter en en ellas todo el odio que vertebra sus vidas. Vidas generalmente con las que no están de acuerdo y que les generan una increíble insatisfacción. Enfadarse con una noticia es muy fácil y muy humano. Ir contra quién la escribe o da una opinión sobre la misma podríamos pasarlo también como humano. Ahora bien, verter ya todo el odio y llegar al insulto es lo que distingue a una persona más o menos educada de otra que ya deja de serlo. Pero todavía podemos ir más allá y es, para atacar la idea de quién escribe algo con lo que no estás de acuerdo, presuponerle una vida.

Estos días con la noticia de la mujer de Leopoldo, el opositor venezolano, por ejemplo, sale a colación este tema. Gente que da por hecho que Lilian, su mujer, está embarazada pero de otro, no de él. Hay muchísimos más ejemplos: Casi siempre centrados en aspectos absolutamente triviales. La semana pasada Malena Costa, una modelo, dio a luz a su segundo hijo después de no haber pasado ni 15 meses del nacimiento de su primera hija. Malena, que es una mujer delgadísima (modelo), bajó a la piscina de su urbanización en biquini y con un vientre plano que no desvelaba en absoluto que acababa de ser madre. Por supuesto y en la línea de linchamiento virtual, la insultaron dando a entender que eso no puede ser real, que ahí hay gato encerrado cuando el único gato encerrado que hay es, simplemente, que ella es delgada, tiene los músculos abdominales muy bien trabajados, engordó poco en el embarazo y, además, es muy joven. Pero eso no es suficiente para mucha gente. Se ha leído de todo, desde que en el parto le hicieron una liposucción, a que es una mantenida y hasta que no eso no es ser madre “como yo que me levanto a las 7 y gano 800 euros”. Insultos basados en la suposición de que la persona insultada se los merece porque lleva una vida mejor que la persona que profiere el insulto.

insult

Este comentario lo ha puesto una señora, o un señor, porque no es un nombre real, no se sabe quién está detrás, que no está de acuerdo con mi post anterior sobre las múltiples contradicciones que en Occidente tenemos con respecto al Islam y las costumbres que machacan a la mujer y que ciertos sectores progres no condenan porque temen ofender al llamado “multiculturalismo”. Que no esté de acuerdo con mi teoría es algo absolutamente normal y que, como bien he dicho, forma parte del debate ideológico que cualquier sociedad sana debe tener. Pero ella/él, va más allá.

En primer lugar dice que yo voy por el tercer hijo y que ella solo se puede permitir un hijo porque “es pobre”. Bueno,  eso ya es muy discutible desde varios puntos de vista. Para empezar y según datos estadísticos tienen muchos hijos dos sectores de la población muy bien marcados: los que disponen de muy pocos recursos y los que tienen muchos. Yo añadiría otro en el que me incluyo: los que somos despistados y se nos ha colado un tercero y que lo asumimos porque el aborto no es una opción (mucho más barata, sin duda y esto, obviamente, lo digo con muchísima ironía). Ella o él, da por hecho, por tanto, que yo soy rica (que vaya usted a saber qué entiende esa persona por rica porque para mí rico es Amancio Ortega, que no yo) y que, por ese motivo, mi marido y yo vamos a tener un tercer hijo. Otras razones tipo: porque queremos, porque no da la gana, porque estamos en nuestro derecho, ella o él, ni los contempla ni pretende hacerlo.

Yo no soy rica. De hecho tampoco provengo de una familia rica. Tengo estudios universitarios, sí. Una licenciatura y un máster pagados por mis padres que sacaron el dinero de sus trabajos típicos de clase media. Unos trabajos que realizaron gracias a los estudios que, a su vez sus padres, mis abuelos, pagaron con sus esfuerzos de clase más bien baja, ni siquiera media. 

Pagaron mis padres los estudios porque eso es lo que suelen hacer los padres (y si no lo hace el Estado) pero la que se examinó y aprobó fui yo y esos aprobados, notables, sobresalientes e incluso matrículas de honor (que las hubo), lo fueron gracias a mi esfuerzo de sentarme a memorizar, a poner codos (estudié Historia que tan solo requiere esfuerzo). Pero en el remoto caso de que sí fuera rica tampoco tendría nadie ningún derecho a reclamarme tal hecho salvo que el dinero procediera de esclavizar  o pisotear a otras personas. 

Como nací en 1974 pude tener acceso a educación incluso si mis padre no me hubieran podido pagar dichos estudios ya que hay miles, cientos de miles de españoles que cada año acaban sus carreras universitarias en las universidades públicas.

Cuando esta persona me dice: “Sabes, yo soy pobre, de clase obrera“, me dan ganas de decirle: sí, vale, ¿y qué derecho te da eso para insultarme? Yo también soy de la clase obrera. El dinero que aparece en mi cuenta corriente y la de mi marido mes a mes y no todos los meses (porque somos ambos autónomos), no nos lo transfieren las rentas de una rica hacienda de la que vivimos. Tampoco ningún organismo oficial, es más, por estar en un determinado rango de ganancias, no tenemos derecho a ninguna ayuda y eso que ha habido épocas en las que hemos tenido que hacer auténticos encajes de bolillos para poder pagar todo, incluso dejar de poner la calefacción si queríamos comer fruta en la época de gran crisis económica que sacudió a toda España. Todo el dinero que ganamos, todo, proviene de nuestro trabajo lícito y honrado y de ese dinero, buena parte se lo queda el simpático Montoro para sufragar cosas que, por cierto, nosotros no utilizamos como es la educación, sanidad o transporte público. Y, ojo, soy una gran defensora de los impuestos como base de una sociedad justa y equitativa.

¿Qué se supone, entonces, que tengo que hacer con el dinero que gano trabajando? ¿Enviárselo a ella o él a su cuenta para que ambas vivamos exactamente igual? ¿Cuál es, exactamente, el reproche de esta justiciera? ¿Va a tener que donarme un solo euro ella para llenar mi nevera, pagar mis recibos de la luz, agua o gas, o para que mis hijas sigan estudiando en el colegio al que van que ni siquiera es español y no recibe un solo euro de nuestros impuestos? ¿Dónde está exactamente la queja? ¿En la desigualdad del mundo? Pues no tiene pista para correr la muchacha. Ella es, a ojos de una pobre mujer que viaja en patera, una rica privilegiada del tercer mundo y seguramente esa siria de la patera no vomita en su idílica vida. Tiene, la pobre mujer siria, otras cosas más importantes en las que pensar, en sobrevivir, por ejemplo.

Luego se va del discurso y se pone a hablar de Siria y de los países islámicos y de que tienen hijos porque son pobres. ¿No habíamos quedado en que los pobres, según ella, solo podían tener un hijo? Ah, que es porque son islámicos, luego me está dando la razón, sin saberlo, claro, sobre el motivo de mi post, que el islam es atraso allí donde campa a sus anchas. Total que se hace un lío tremendo. ¿Para qué? Para proferir un insulto hacia mí porque la crítica es hacia mi persona, que no hacia lo que yo opino, de ahí que se centre en aspectos de mi vida privada que ni siquiera conoce pero que ella da por sentados, porque “es pobre y yo no”

Y así es la vida que nos acompaña diariamente en las redes sociales, vomitando odio por doquier única y exclusivamente porque no nos gustan nuestras propias vidas, porque nos encabronamos porque el resto (nos parece), llevan unas idílicas vidas si las comparamos con las nuestras. O eso es lo que nos pensamos porque nadie en su sano juicio cuenta sus miserias por instagram. Lo que no significa que no las padezca.

Querida hater, espero que hayas vomitado todo y estés ya más relajada. Y si no, tú problema es. Luego no me vengas con úlceras extrañas echándome a mí la culpa. Por cierto, he querido enlazarte este post a tu comentario pero veo que me has bloqueado, algo que vaticinabas que yo haría pero que, finalmente, has hecho tú.

 

7 thoughts on “Vomitar en las redes sociales

  1. He sufrido a menudo esta clase de ataques y coincido contigo, que no son tanto a las ideas como a la propia persona y eso no es admisible. En cuanto a si los pobres no pueden tener más que un hijo dependerá del nivel de vida que quieran mantener. Yo he tenido tres con un sólo sueldo y haciendo virguerías. Es cuestión de voluntad y de afecto y de renunciar a móviles de última generación por ejemplo.
    No dejes que esta crítica te amargue. Como bien dices hay gente que está descontenta con su vida y utiliza el anonimato para desahogarse. Un saludo.

  2. bueno, mas razon imposible. Mejor explicado imposible, bravo

  3. Madre mia…eso si que es un batido hipocalorico: ha metido veinte ideas mal pensadas y peor reflexionadas y a tope de power se ha puesto!!’ Pues nada, lo dicho, que vomite a gusto.pd.yo tengo 4 joyas no merecidas.

  4. Querida Gema Lendoiro.

    Te tengo como amiga en Facebook, pero no sé porque no aparece comentarios en los post que dejas en Facebook y salen en el mío. ¿A que crees tú que se debe esto? ¿Puedes arreglarlo para que pueda opinar?

    Saludos cordiales.

    1. Eso es porque me sigues pero no somos amigos en facebook. Ves mis publicaciones públicas, que son muchísimas. Pero no puedes comentar.

  5. No es cierto, he ido a comprobarlo para si era así pedirte amistad, que me la dieras y poder comentar, y he visto que si somos amigos, incluso una vez hablamos por el chat de Facebook sobre Democracia Real y el 15M.

    Por cierto he ido al post que señalas en tu comentario, y de allí en pinchado en el comentario sobre la periodista sueca que habla en una entrevista de la Tribuna del País Vasco de la inmigración en Suecia y una vez allí he pinchado en otros enlaces sobre las zonas donde mandan los islámicos, y en varios enlaces más y me he empapado bien del asunto y es increíble lo mal que están en algunas zonas de capitales de Europa como Londres, París, Berlín, y sobre todo en ciudades de Suecia, donde hablan incluso de guerra civil con los musulmanes. He alucinado con lo mal que están las cosas. Sabía que estaban mal, pero no suponía que estuvieran tan mal, tal vez porque los medios occidentales silencian todo esto con alguna excepción como la Tribuna del País Vasco. ¡Que razón tenía Oriana Fallaci, cuando hablaba de la invasión de los musulmanes y sus consecuencias!

  6. Las faltas de respeto y la mala educación en general parecen ser el pan de cada día en las redes sociales, pero también en internet en general. Tal vez porque la distancia física o el supuesto anonimato parecen dar valentía o licencia para decir lo que queramos, sin ningún reparo. En ocasiones, simplemente porque la polémica genera dinero quienes viven de escribir. En cualquier caso, ¡qué triste!
    Sobre “ser pobre” o “rico”, diré que es una clasificación relativa, que depende entre otras cosas, de quién lo mida. Normalmente consideramos pobre a quien tiene menos posibilidades económicas que nosotros, y rico a quien tiene más. Por eso, la mayoría de la población considera que son ricos, por ejemplo, quienes estudian en centros privados (no concertados) y no utilizan la sanidad pública, independientemente del esfuerzo con que consigan costearse estos servicios. Sin embargo, raro es el que se considera rico a sí mismo. Recordemos el desafortunado comentario de Esperanza Aguirre cuando decía que no llegaba a fin de mes y que era “pobre de pedir”. Y obviamente, el ser pobre o rico no justifica los ataques sobre las personas por su modo de vida o el número de hijos que tiene, por ejemplo.

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