Eliminar el rastro de la madre: la semilla de la perversión en el vientre de alquiler

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Esta mañana, en una conversación con Carmen Rigalt, salió, cómo no, el tema de la semana (con permiso del Orgullo aunque están metidos en un ámbito similar): el vientre de alquiler. Me perdonan pero yo no uso el eufemismo de maternidad subrogada o, peor aún, gestación subrogada. Y no lo hago de manera consciente porque para mí la gestación va unida indefectiblemente a una madre. Para mí y para la realidad de las cosas porque, al menos de momento, no es posible gestar una vida si no hay tres cosas: espermatozoide, óvulo y útero. Estos dos últimos siempre de una mujer, en este caso, una madre.

Parece mentira que a estas alturas tengamos que escribir auténticas frases que son, ciertamente, de perogrullo: que todo ser vivo procede de un padre y de una madre. Me contaba Rigalt, que es mucho de madrugar ella, que había escuchado el otro día muy temprano a Soledad Gallego en la Cadena Ser diciendo lo siguiente:

La idea de la gestación subrogada, que algunos colectivos pretenden legalizar en España, tiene aspectos realmente asombrosos. El primero de ellos es el intento de que desaparezca totalmente, de manera radical, el concepto de madreEl proceso arranca generalmente con un hombre solo o con una pareja de hombres que quiere tener un hijo que tenga la carga genética de uno de ellos. Para eso, lo primero es obtener un óvulo de una mujer, generalmente comprándolo, después se fecunda ese óvulo con técnicas de inseminación artificial con el esperma de ese hombre en concreto y finalmente se implanta ese ovulo fecundado en el vientre de otra mujer distinta, con la que se ha firmado un contrato de gestación a cambio de determinada cantidad de dinero.

Al margen de otras consideraciones y dando por supuesto que todo el proceso se realiza de manera voluntaria, ¿por qué se fecunda el óvulo de una mujer y luego se implanta en el útero de otra distinta? Es una idea extraña, de difícil comprensión. Si una pareja de hombres quiere tener un hijo, pero no quiere que sea adoptado, sino que necesariamente tenga la carga genética de uno de ellos, todo el proceso podría simplificarse fecundando el óvulo de una mujer y que esa misma mujer gestara durante nueve meses al bebé.

¿Por qué se requiere el óvulo de una mujer y el útero de otra? Porque por el camino desaparece el concepto mismo de madre. ¿Quién es la madre, la mujer que vendió o cedió el óvulo o la mujer en cuyo útero se gestó? Ninguna de las dos: el bebé, aseguran los defensores de este procedimiento, puede ser inscrito sin madre. Es esa idea la que contiene una semilla de perversión, en el sentido que le da la Academia a la palabra: algo que corrompe el estado natural de las cosas. ¿Por qué es tan importante que no exista una mujer en todo ese proceso?

Yo también me hago las mismas preguntas que se hace Soledad y no se me escapa que hay parejas heterosexuales (las menos) que también recurren a este proceso y, también ellas, desean tachar de un plumazo la idea de madres. De hecho suele ser ofensivo para ellas la mención.

Me parece profundamente interesante la idea que la periodista del País plantea. Una idea perversa que, oh casualidad, viene de un colectivo que mayoritariamente está compuesto por hombres (independientemente de cual sea su orientación sexual)

Que la santa voluntad de los machos se ha impuesto a lo largo de la historia sobre la mujer y lo que, de manera indivisible va unido a ella; la fertilidad, es un hecho irrefutable. Hasta hace bien poco en Occidente y todavía en países subdesarrollados siguen existiendo dos tipos de mujeres: las que sirven para procrear (esposas) y las que sirven para dar placer (putas) Ambas, bajo el yugo y dominio masculino. Seguro que saben que no miento.

Única y exclusivamente en Occidente las mujeres nos hemos librado de esa sumisión y no del todo (seguimos siendo las que más carga soportamos en el hogar y la maternidad). Pero al menos no somos esclavas y no dependemos de un  padre para pasar a depender de un marido o, en el peor de los casos, de un chulo.

Ahora que gozábamos de una libertad sin precedentes donde la maternidad se había convertido en algo realmente gozoso por cuanto es de libre elección, llega una nueva forma de maltrato, de nuevo hacia la mujer y su fertilidad, esta vez en forma de aniquilamiento o pretensión de hacia lo único que nos diferencia de los hombres: la capacidad de gestar. Es como si quisieran mutilarnos las tetas, el clítoris, todo aquello que tenemos a diferencia de ellos y que por mucha ingeniería genética que se dé, ellos jamás tendrán: un útero para gestar una vida, a fuego lento, saboreando cada patadita, cada nueva sensación.

Eliminar de un plumazo a la mujer y con ella a la idea de la maternidad. ¿Esto a que les suena? A mí a misoginia, a patriarcado pero encima chungo porque el tradicional al menos nos reconoce la maternidad, incluso a veces de una manera cursi, pero nos la reconoce (véase la historia del arte reflejando por activa y por pasiva la idea de la mujer/tierra/fertilidad y en Europa, Virginidad de María) Los nuevos amos y señores del universo ni siquiera eso.

Eso sí, en cuanto levanta una la voz para recordarlo entonces te tachan de homofobia. ¿Y su misoginia que es más que un terrible delito de odio? Odio basado, además, es una idea contranatura en lo referente a la concepción. Y ojo, recalco concepción, no estoy refiriéndome a elección de parejas que yo ahí no me meto, cada uno que se acueste con quién quiera, solo faltaría. Se pongan como se pongan la biología no les puede dar la razón y la concepción sigue necesitan óvulos/úteros/mujeres. Así que, ¿qué menos que darle a esa mujer que gesta el título que, por derecho natural le corresponde, el de madre, NO?

Hay muchos más detalles perversos que indican el intento de cargarse esa maternidad; cesáreas programadas (cuanto más aséptico el parto y menos mamífero, mejor), no lactancia, Dios mío, la lactancia es un vínculo indestructible entre la madre y el hijo y bajo ningún concepto eso puede permitirse. ¿Se imaginan qué pasaría si esas madres cogieran a esos bebés y les dieran el pecho? Habría infinidad de demandas por no cumplir el contrato porque muchas se echarían atrás. Hasta las perras, cuando tienen una camada que luego será vendida o dada en adopción, tienen dos meses de lactancia junto a su madre.

Por supuesto el hecho de hacer todo esto de manera aséptica no elimina todos los demás procesos que se ponen en marcha justo después del alumbramiento: todo el torrente de oxitocina que cualquier mamífera (y las gestantes lo son) dispone para poder criar con amor a ese bebé no puede ser eliminado y eso, señores, tiene que pasar una factura psicológica del carajo. Que estamos hablando de seres humanos, no de máquinas dispensadoras de coca-cola. Que lean los grandes defensores de esta técnica dónde están los orígenes de las severas depresiones post parto. Les doy una pista: casi todas tienen un origen en eliminar de un plumazo el piel con piel de esa diada madre/bebé.

En fin todo esto suena demasiado a Un mundo feliz de Aldous Huxley. Elección de rasgos, los más deseados los nórdicos, sexo, inteligencia…

Podemos tirar de eufemismo para no sentirnos ofendidos en la época de la humanidad más sensible a las ofensas pero esto no oculta lo que verdaderamente hay detrás. Esto haría las delicias de Mengele.

2 thoughts on “Eliminar el rastro de la madre: la semilla de la perversión en el vientre de alquiler

  1. Nos estamos desnaturalizando. Un saludo.

  2. Esto no deberia ser legal es inhumano y una explotacion a las mujeres pobres

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