El verdadero debate ausente en el vientre de alquiler. El período primal del bebé

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Con la propuesta de Ciudadanos de la gestación subrogada, un término al que ya le han quitado hasta maternidad porque les molestan más las palabras que los hechos,  no hago más que leer artículos en periódicos, comentarios en las redes sociales y al final llego a la misma conclusión: Todo es ruido. Mucho ruido. Y nada de lo que, desde mi punto de vista es importante, es contado. Y si se hace, o es silenciado, o apenas tiene repercusión. Porque lo que cuenta, que es lo que de verdad importa, no interesa que sea explicado.

En todo este discurso escucho siempre los mismos argumentos a favor o en contra. Que es una mercantilización de la mujer, pero que ella así lo quiere, que eso lo dices porque tienes ya hijos, que ser padre no es un derecho, que es un proceso totalmente limpio, que se pagan los gastos, que bla, bla, bla, unos y otros hablan hablan sin escucharse y dejan, pasmosamente, lo más importante del debate sin siquiera mencionarlo: las consecuencias qué tendrá a corto y largo plazo el principal protagonista de toda esta historia sobre lo que van a hacer con su vida. Es decir, qué consecuencias tendrá para el bebé que esto se lleve a cabo. 

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Obviamente quién recurre a esta práctica dirá que ellos van a cuidar maravillosamente bien del bebé, algo que no pongo  en duda, ya que de padres que han sufrido tanto por tener un hijo salen hijos, de hecho, hiperportegidos pero este es otro debate. Por supuesto tampoco pongo en duda que existen padres y madres naturales que maltratan y matan a sus hijos. Pero toda esa suerte de demagogias no sirven para hablar de lo que realmente importa. ¿Qué pasa con el bebé?

Tenemos pocos adultos todavía que hayan sido concebidos por vientres de alquiler por razones obvias pero sin embargo sí tenemos muchísimos adultos que en su día fueron adoptados y, lo más importante, tenemos ya muchos estudios que se han dedicado de forma minuciosa y precisa a estudiar qué sucede cuando creces en una familia que biológicamente no es la tuya. Y cuando me refiero a biológicamente es cuando te ha gestado en su útero y te ha parido otra mujer. Esto vamos a ver más adelante que tiene una importancia enorme. Mucha más de la que se creía. Para ser más concretos, aún a pesar de que tu familia de adopción te cuide maravillosamente bien, ¿qué sucede con los hijos que por las razones que sean (por ser abandonados o por ser por vientre de alquiler) son separados nada más nacer de la madre que los gestó y parió? Pues parece que pasan cosas y ninguna es insignificante.

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Hasta hace bien poco la ciencia consideraba que un recién nacido era una hoja en blanco donde todo se podía escribir a partir de su nacimiento. No se sabía que tenía importancia su paso por la vida intrauterina. Hoy se sabe que esto no es así y que la vida intrauterina importa mucho más de lo que pensábamos y, lo que es más importante, en lo que se refiere a la parte psíquica, sensorial.

Los fetos pero también los recién nacidos eran considerados poco menos que algo que ni sufre ni padece, de hecho, hasta bien entrada la década de los ochenta se les operaba sin anestesiar porque se creía que no sentían el dolor. Una aberración, claro está, afortunadamente corregida. Por supuesto que sienten dolor, de hecho lo siente dentro del útero (esto da también para reflexionar sobre el aborto y las formas en las que se practica). El caso es que en la década de los ochenta se empieza a hablar del período primal, un término que acuñó Michel Odent, un obstetra francés. Dicho período va desde la concepción hasta el primer año de vida del bebé. Digamos que se tendió a identificar la no existencia de lenguaje con la falsa idea de que no sentían. Algo que hoy día nos parece una suerte de idiotez. Pero entonces no lo era y hoy, muchos de los que defienden la subrogación, o desconocen todas estas cosas o las ignoran deliberadamente. Todo lo que Odent descubrió y publicó es tan importante para entender la psique humana como emocionante saberlo a la hora de enfrentarte a un parto. Saber que todo lo que está ahí sucediendo es tan importante para esa nueva vida, saber que muchas de las cosas que luego le van a pasar dependen de ese momento tan intenso como es el parto y las dos siguientes horas que le siguen es a veces abrumador. Pero saber que la situación psíquica de la madre durante la gestación importa e influye tanto hace necesario que nos planteemos cómo puede llegar a vivir un embarazo una mujer que lo está haciendo a cambio de dinero, que no se está conectando con ese bebé porque sabe que nunca será suyo y que, por lo tanto, se protegerá de la mejor manera posible para evitar un dolor insoportable. Es de suponer que eso tiene que ser así ya que no estamos hablando de máquinas sino de personas y que un embarazo es lo suficientemente largo como para pensar que esto se pasa como quién se saca una muela.

La confluencia de los estudios en  neurología, psicología y biología del desarrollo empezaron a descubrir cosas como que la huella genética de la madre que gesta (en relación a la que luego adopta) influye tanto hasta el punto de modificar una personalidad. Algo por otra parte lógico, si damos por cierto que una madre que bebe alcohol en el embarazo puede dar a luz un bebé con el síndrome de abstinencia y esto se ha dado con frecuencia en niños adoptados en países del Este, ¿cómo vamos a negar que no les afectarán otras cosas? Lógicamente el alcoholismo no está presente en los genes de la madre que cuando era feto no bebía, sino que se transmite a través de la placenta. Y, por ahí, se cuela todo lo demás: angustia, rechazo, depresión etc…

Pero todo esto ¿qué tiene que ver con la maternidad subrogada? Pues tiene todo que ver puesto que los bebés gestados de esa manera no son en absoluto ajenos a todo esto y la huella de la mujer que los gesta así como lo que la ciencia explica que sucede en el parto y post parto les afecta exactamente igual. Desde luego parto de la base de que todo, o prácticamente todo, puede ser arreglado y si un bebé es separado nada más nacer de su madre (y esto se hace con el vientre de alquiler) y no siente jamás ni su olor ni su piel, tendrá consecuencias pero entiendo que serán subsanables. Pero también entiendo que no hay ni una sola causa en el mundo que justifique empezar a hacer las cosas tan rematadamente mal. Y menos para complacer los deseos, que no derechos, de esos adultos que, en definitiva, están encargando al bebé que algún día será una persona con toda su huella biológica que se hará preguntas como se hacen los adoptados y que querrá saber, más probable que menos, cuáles son sus orígenes.

Quienes defienden el vientre de alquiler, para empezar, no quieren ni oír ni hablar del término madre gestante. Como si eliminando la palabra eliminásemos los hechos. Desde luego vientre de alquiler les parece horrible y lo llaman gestación subrogada. Ni siquiera maternidad subrogada. En un blog de una empresa que se dedica a esto lo dicen claramente: que no consentirán que se usen esos términos. Como he dicho al principio, están muchísimo más preocupados por cómo usamos el lenguaje que de lo que hacen y sus consecuencias. Ninguna insignificante. Digamos que en un lado tenemos a una mujer que, vete a saber qué condiciones le han hecho llegar a esto, y de otro tenemos a una pareja desesperada. Y en el medio, el que se lucra. Más preocupados por las formas que por el fondo. Nada nuevo bajo el sol en la condición hipócrita humana.

Por supuesto hay una gran diferencia entre la adopción y la cuestión a tratar. En la primera es algo que viene a solucionar lo que te ha pasado mientras que lo segundo se planifica que esto sea así, que seas separado de tu madre, la única que conoces en el momento en el que naces. Estás provocando deliberadamente y a cambio de un gran lucro y para satisfacer un deseo, lo que Nancy Verrier acuñó como La huella primal. Lean, lean, lo que eso significa para un ser humano y verán qué poca gracia tiene a nivel psíquico.

No tiene ningún sentido que estemos cada día más y mejor informados sobre la importancia que tiene para el ser humano hacer las cosas bien desde la concepción: cuídate mucho en el embarazo, no te angusties, no permites que te separen del bebé cuando nazca, ni siquiera para que lo limpien, di no al nido, ponte piel con piel con él nada más nacer…en fin todas estas prácticas que cada vez son más recomendadas precisamente para velar por una salud perinatal cada vez más excelente y que, por otro lado, rompamos con un ruido ensordecedor algo que es tan sagrado como es el nacimiento de un bebé (si me estás leyendo y has tenido hijos sabrás perfectamente de qué hablo). Las primeras 72 horas de la vida de un recién nacido importan tanto para la construcción de su psique que a veces asusta ser la responsable de todo ello.

En los vientres de alquiler se programa generalmente la cesárea (aunque no tenga ninguna indicación médica) y se separa a la madre gestante del bebé. Imagino que esto se hará para evitar que esa madre reaccione como una auténtica mamífera echándose atrás. Por cierto, en esos detallados contratos, quienes encargan al bebé sí pueden echarse atrás, ellas, no. Muy igualitario, como ven.

Si cada vez sabemos más lo que importa cómo nacemos y cada vez luchamos para que los nacimientos sean más humanizados y vuelvan a ser como antes pero con la tecnología de ahora que evita la morbilidad, no tiene ningún sentido que, en nombre de un falso progreso, defendamos algo tan aberrante como es la separación de una madre y su bebé recién nacido. ¿Alguien se cree que eso no pasa factura? ¿Alguna vez alguien se ha creído de verdad que esas madres que dicen gestar por altruismo lo hacen por ese motivo? ¡Me cuesta tanto creerlo! Por altruismo adoptas y no me queda claro qué parte hay de ganas de hacer el bien y qué parte de ser padre (totalmente legítimo tener esas ganas por otro lado), hay. Altruista es acoger a un niño de 5 años con una enfermedad. ¿Pero gestar a cambio de 30/60 mil euros una vida para deshacerte de ella nada más nacer? Me cuesta tanto creérmelo. Puedo llegar a entender que eso lo haga una hermana por otra, una madre por un hijo gay (el caso de la brasileña) pero que una señora de Alabama sea generosa con una pareja de Cuenca que no conoce de nada, francamente, no me lo creo. 

Pero no me gusta irme al terreno de las especulaciones, prefiero ir al más seguro de la evidencia científica y de todo lo que sucede en un embarazo y en un parto y que, cuanto más sabemos, más nos emocionamos por cuánto de milagroso o perfecto es todo lo que ahí sucede. Cómo todo se pone en marcha para favorecer que la vida se haga paso incluso cuando nadie se lo ha pedido. Estoy embarazada por tercera vez y lo cierto es que pertenezco a ese grupo de mujeres que sienten poco al principio pero que cuando ya se acerca el parto experimentan unas sensaciones muy cercanas a lo sobrenatural. Supongo que no vivo un éxtasis perpetuo durante mis gestaciones porque tengo embarazos realmente malos, con vómitos hasta el final y un cansancio que, de trabajar por cuenta ajena sería un problema. Sin embargo el milagro en mi caso se produce cuando doy a luz y por fin tengo en mis brazos al bebé largamente soñado y esperado.

Por supuesto en mi primera maternidad nada de lo que me pasó yo sabía ponerle nombre, mucho menos científico pero precisamente a raíz de lo que me sucedió, que mi hija se fue directamente a la UCI y me separaron de ella (ay lo que ambas sufrimos por esa maldita circunstancia) hizo que, como tantas otras mujeres, me dedicase a leer sobre todo lo que de ello se deriva. Nunca he dejado de hacerlo y desde que fui madre hace casi 7 años por primera vez y 5 por segunda se han sabido todavía muchas más cosas. Si aquella separación de mi hija me provocó lo que luego se tradujo en una severa depresión post parto, no me quiero ni imaginar qué mecanismos tan complejos habrán de llevar a cabo las que se someten a esto de manera “altruista”.

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Con mi segunda hija fue un gran empeño de que no tuviera ni siquiera minutos de separación que su padre y yo hicimos todo lo posible para que yo hiciera el piel con piel con ella. Como no nos lo permitieron (era cesárea programada), al menos nos dejaron que él, el padre, sí lo hiciera mientras no llegaba yo a la habitación. No era lo mismo pero al menos era más que una fría cuna. Y aún así esa media hora me dolió con el alma. Con este nuevo hijo, chico por cierto, he buscado una ginecóloga y un hospital que me lo permitan (ahora ya casi todos dejan porque la ciencia lo va demostrando, que la madre necesita al bebé y el bebé a la madre) Digamos que, como le pasa a casi todas las madres, con cada maternidad sabes un poco más que con la anterior.

Cuando el debate del vientre de alquiler sale me pregunto por qué todas estas cosas sobre la biología, la epigenética y la genética, la psicología… no salen en la discusión que simplemente se obvia. Como casi todo lo que da dinero y votos, la discusión se centra en los adultos: en los falsos derechos (en realidad son deseos) de los que pagan por ser padres y en los no derechos de las mujeres que los gestan ni por supuesto en los de los bebés. No me puedo ni imaginar el dolor tan infinito que ha de suponer en los casos de las mujeres realmente pobres en la India qué significa parir ese hijo y ni siquiera amamantarlo. Que esa es otra, con el vientre de alquiler se le niega ya de entrada al bebé la lactancia materna con todos los múltiples beneficios que eso conlleva. 

Cuando todo este debate sale de políticos como Rivera o como Garzón, uno a favor de regularla y otro a favor de lo contrario, niego con la cabeza porque les importa entre cero y nada el tema a tratar en cuestión. El primero está interesado en demostrar que es el más liberal del mundo: ¿Quiénes somos nosotros para prohibir a nadie ser padres?, dice. Pues efectivamente no somos nadie y por eso nadie lo prohíbe. Es la naturaleza, la muy puñetera, la que da los carnés de fertilidad. Y Garzón, cuando se opone, lo hace para defender su lucha de clases: “Es la opresión de las mujeres ricas sobre las pobres” Ninguno de los dos habla y pone sobre la mesa el verdadero debate: el bebé. Y las consecuencias que tendrá esto a largo plazo.

Imagino que, de la misma manera que hoy sabemos todos que operar a un bebé sin anestesia era una locura, en veinte años quizás, será vox populi la importancia que tiene cuidar los embarazos y los partos. No digo que el vientre de alquiler desaparecerá, de hecho seguramente será legal en más países que ahora. Los intereses creados en torno a esta práctica son tan grandes que eso es lo que primará pero al menos que la gente sepa lo que hace, que no sea ocultado. Que vivimos en la era de mayor información y que los gritos de los interesados no superen en decibelios a los derechos de los que no pueden hablar.

Es curioso cómo conviven en la misma época y en las mismas personas en muchos casos contradicciones tipo encargar hijos a una madre gestante y luego estar obsesionado con que aprendan chino desde los dos años a la vez que alemán. En realidad no sé en qué momento del siglo XX o del XXI nos fuimos desconectando tanto de lo que de verdad importa. A veces conviene seguir mirando a esos pueblos que siguen naciendo y viviendo como hasta hace bien poco lo hacíamos nosotros. No pido desde luego parir entre las vacas pero sí volver a rescatar, sobre todo para nosotras las mujeres, esa parte que la naturaleza nos dio tan generosamente y que fue esa suerte de gestar y parir y que siempre, secretamente al menos, nos hizo creernos muy poderosas. 

Sobre todo me gustaría que este debate fuese realmente sobre lo que tiene que ser y no sobre cuestiones ideológicas. De hecho ya estamos viendo que, salvo en Ciudadanos, hay disparidad de criterios en los partidos políticos. Esto no es una lucha a favor o en contra de los derechos de los gays puesto que también las parejas heterosexuales recurren a ella. Esto tiene que ser una lucha por los derechos de los bebés. La discusión tiene que pasar por debatir todas estas cosas que la ciencia dice. La discusión no puede quedarse en liberalismo frente a comunismo porque la maternidad, la crianza y la forma en la que somos gestados y venimos al mundo no tiene ideología política o, al menos no debería tenerla. Y, repito, algún día será legal por mucho que muchos nos opongamos pero al menos que la gente sepa exactamente qué supone recurrir a esta práctica que ellos de manera muy eufemística denominan: técnica de reproducción asistida. Ya.

 

2 thoughts on “El verdadero debate ausente en el vientre de alquiler. El período primal del bebé

  1. Me parece realmente fantástico el artículo, deberíamos reflexionar más sobre los problemas que puede acarrear en un futuro, no obstante no creo que sea así.

  2. Como dices, habiendo tantos intereses no van a cambiar las cosas.

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