Cómo crear un maltratador

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He perdido la cuenta de las veces que he hablado de la violencia en este blog. De cómo somos seres violentos siendo adultos en la medida en cómo crecemos, en qué entorno, seguro o no, nos toca vivir. Prácticamente todo se cimienta en la infancia y poco se puede hacer (aunque no es imposible), en la edad adulta para cambiarlo. Todo empieza en el vientre materno. Y en el momento que salimos de ahí el contador de las emociones comienza un proceso que es imparable. Sabemos, porque la ciencia nos lo ha demostrado muchas veces, que maternar con apego a un bebé tiene consecuencias positivas y que practicar con ellos métodos conductistas (Ferber, Stivill), negativas. Ausencia de abrazos, no ser atendido en el llanto, una madre ausente por una grave depresión o porque no quiere admitir su nuevo rol, son situaciones que en el cerebro del bebé crean una huella imborrable.

La naturaleza ha diseñado la crianza de un modo que resulta hasta milagroso si uno se para a observarlo con detenimiento. Todo está perfectamente milimetrado para que se produzca un auténtico enamoramiento entre la madre y el bebé que garantice que la primera tenga, a pesar del cansancio, la fuerza necesaria para cuidar de esa criatura absolutamente dependiente. Y ese bebé nace con unos rasgos y una forma de ser que provoca que de la madre solo salga eso, ternura, amor, dedicación…de ahí que no es extraño que en la mayoría de los casos la mujer deje todo de lado para centrarse durante un tiempo al cuidado de ese bebé. Todo en su cuerpo y cerebro, además, se modificará, para lograr una crianza mucho más placentera. Esto será así siempre pero durante la etapa del bebé será mucho más importante y la madre tendrá una figura predominante. Pongo énfasis en el bebé, no en el niño que vendrá después que, por supuesto, necesitará de la presencia en su vida de su figura paterna.

Para mí el padre y la madre son imprescindibles en la crianza y hasta hace poco había sostenido que siempre y en todos los casos. Sin embargo y a tenor de algunos debates más o menos recientes y viendo en primera persona un caso concreto de mi entorno, empiezo a dudar de tal afirmación. En la formación de la psicología de un ser humano intervienen muchísimos factores que hacen que nada en la crianza sea matemático. Aquí, dos más dos no siempre suman cuatro y me explico. Hay progenitores, padres y madres, que resultan auténticamente tóxicos en la figura de sus hijos y que, cuando esto es así, la justicia ha de intervenir y cortar por lo sano. Suena duro pero cuando esto sucede es mucho mejor la carencia de ese progenitor. Se ha discutido mucho el llamado Síndrome de Alienación Parental. Asociaciones de feministas lo niegan porque, entienden, perjudica a las mujeres en casos de divorcio. No sé si puede llamarse síndrome, es decir, si cumple o no las características para entrar en dicha categoría, pero lo que sí sé es que cuando un padre o madre “lavan el cerebro” a los hijos habidos en común con la ex pareja, como medio para lograr infringir el mayor daño posible al contrario, no debe haber dudas al respecto: ese padre o esa madre debe ser separado durante un largo período de tiempo de esos hijos. Al menos mientras se hace una terapia para reparar el daño de dicha alienación. El problema radica en que, si demostrar unos golpes es relativamente sencillo, demostrar con pruebas un lavado de cerebro es una labor que se antoja complicada.

En el caso que conozco el menor le dice a la madre frases de este tipo:

La jueza te da la razón porque es lesbiana.

-La jueza te da la razón porque esos juzgados están creados para machacar a los hombres y para defender a las mujeres como tú que solo buscan denunciar falsamente para sacar dinero.

-Tú solo quieres quedarte con la casa de mi padre y además la usas para estar aquí con tu novio cuando yo no estoy. Un novio al que le harás lo mismo que a mi padre: denunciarlo falsamente para sacarle el dinero. 

-Tú no sirves para nada, ganas muy poco dinero y por eso yo quiero vivir con mi padre. Eres una inútil trabajando y por eso no has ascendido nunca (la madre se acogió a una reducción de jornada hasta que el menor tuvo 12 años para poder recogerlo en el colegio y estar con él en casa cada tarde).

-Tú estás liada con tu abogada que es lesbiana. ¿En qué quedamos?, ¿novio al que quitarle el dinero o lesbiana?

Todas estas cosas las he escuchado yo. No me las creo. Las he escuchado. Un niño que hasta hace unos meses se pirraba por dormir con su madre con la que tenía una unión de apego seguro. Me pregunto si todo eso que la madre generó no quedará guardado en un recoveco del que tirar.

Ojo, esto se lo ha grabado a fuego un padre a su hijo pero me consta de otro ejemplo en que ha sido la madre la que lo ha hecho y en la que el padre, muerto de miedo, ha tenido que instalar cámaras en la casa temiendo que sus propias hijas le denuncien por abusos sexuales. Tremendo, ¿eh? Ambas auspiciadas por su venenosa madre.

Volviendo al primer ejemplo. ¿Qué tenemos ahí? Pues claramente tenemos a un maltratador creando a su imagen y semejanza a otro maltratador. La violencia expresada en una espiral que, si nadie pone remedio, pasará a la siguiente generación. Un maltratador que tiene un plan escrupulosamente establecido y que pasa por aislar a la víctima todo lo que puede de su entorno, poniéndolo en contra ya no solo de su madre sino de todo aquél que la apoye. Esto es vital para lograr el plan. De ahí que muchos pidan la custodia total y no la compartida, para poder ejercer sin trabas todo ese lavado de cerebro. Y de ahí que rabien y maquinen todo lo que pueden y más cuando el menor está con el otro progenitor, llamando de manera obsesiva sin dejar ni por un segundo de ejercer el control.

Es bastante probable que las relaciones que establezca en un futuro este chico que ahora mismo es menor de edad, se basen en esas premisas adquiridas por un progenitor que claramente es perjudicial. Las mujeres serán para él lo que su padre le ha enseñado: O putas, o lesbianas (como si eso fuese un insulto en lugar de ser lo que es, una opción), o tontas. Y en función de ese aprendizaje y de otros adquiridos durante toda una infancia llena de gritos y frases despectivas, tenemos disponible un futuro visitador de los juzgados de violencia de género, esos que, según él y tantos otros, se han creado para “fastidiar a los hombres”. El veneno del machismo y de la violencia inoculado en sangre desde la más tierna edad.

El cerebro de los niños es tremendamente plástico para el aprendizaje. Pero esto tiene una parte negativa: lo malo también entra con facilidad. Esto bien lo saben las dictaduras, las comunistas y las fascistas. ¿Acaso qué es lo primero que modifica un dictador nada más llegar al poder? Exacto, la educación. Mejor dicho, el adoctrinamiento. Es la base de la sumisión, la aniquilación de las libertades individuales al servicio de lo colectivo.

En la película La cinta blanca, del maestro y premio príncipe de Asturias, Haneke, se habla sin decir en segundo plano, cómo una sociedad educada en la represión de una religión (en este caso protestante) como la alemana, puso las bases para que un pueblo abrazase, casi sin discusión y sin planteamiento, el nazismo. En la misma línea, la magnífica cinta La ola, explora cómo tan solo una semana le basta a un profesor para convencer a unos alumnos de las ventajas de pertenecer a un sistema de gobierno fascista y cómo caen en esa terrible secta aquellos alumnos cuyas familias o están desestructuradas en los afectos o practican la violencia en el hogar. Todo esto lo expliqué hace dos años y medio en esta entrada por si la quieres leer.

Que la violencia en todas sus expresiones es un lacra es una evidencia. Lo que no es tan evidente es que no hemos llegado a ese punto en el que los responsables de lo legislativo, es decir, quienes nos gobiernan, se sienten y, como en otros temas vitales para un país como la educación, firmen un pacto de Estado donde se dejen bien claras las directrices a seguir contra esta lacra. Leyes, educación y conciencia sobre este difícil tema. Un padre o una madre que alienta a su hijo contra el contrario porque éste o ésta ha tomado la decisión de denunciar unos malos tratos, no debe poder estar con esos hijos por el bien del menos. ¿De qué sirven las penas ejemplares a los maltratadores si siguen adiestrando a sus hijos como un cualquier imán en una mezquita siria para continuar la yihad? Es hora de ponerse serios con este tema, cada uno en el lugar de la sociedad que le corresponde.

Y es duro reconocerlo pero hay padres y madres que no deberían tener derecho ni a la visita de sus hijos si aprovechan estas para hacer de esos menores unos seres a su imagen y semejanza: crueles, violentos, machistas, futuros maltratadores.

Jueces, fiscales, políticos, psicólogos, profesores, padres, madres, abuelos, tíos, amigos, toda la sociedad en su conjunto tiene que ser firme. Los niños son el bien jurídico a proteger. Pero son el futuro de nuestra sociedad. No sirve de nada poner penas más severas si no se previene esto. En los maltratadores, como en el cáncer, la prevención hace mucho más que el tratamiento.

Nos va la vida en ello.

 

One thought on “Cómo crear un maltratador

  1. Es terrible que los divorcios acaben así. Un beso.

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