Maternidades yo, mí, me, conmigo

carmen-bousada-u10107421996srd-510x287abc

Tus hijos no son tus hijos

Son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen.

Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos,

Pues ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes hospedar sus cuerpos, pero no sus almas,

Porque ellas viven en la casa del mañana, que no puedes visitar ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerlos semejantes a ti

porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados (…).

Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea hacia la felicidad”.

KHALIL GIBRAN

En la casa de mi madre, encima del cabecero de su cama, colgó durante años un cuadro en forma de papiro con este poema. Creo que fue de los primeros versos que aprendí de memoria y que, en su día recité como un loro sin saber qué decían. Hoy, que los sigo recordando, entiendo mejor que nunca, ahora que soy madre, su profundo significado.

El sábado hubo en la tele un debate sobre maternidad y mientras lo veía me martilleaban estos versos. Y también la frase, yo, mí, me, conmigo. Y otra que siempre digo cuando hablo, por ejemplo, del vientre de alquiler pero que la aplico a todos los supuestos: la maternidad no es un derecho. Los hijos, como bien dice el poema, no nos pertenecen, vienen a través de nosotros pero no somos sus dueños. Por lo tanto nunca, jamás, una maternidad/paternidad, debería ser justificada en un argumento tan pueril como “es que tengo derecho a ser feliz”, “es que tengo derecho a ser madre”. No, no lo tiene, señora, no, no lo tiene, señor. Estaba en la mesa una periodista cuyo nombre nunca recuerdo que dijo: Siempre defenderé la libertad de elección de la mujer. ¿Está segura de su argumento? ¿Y si esa libertad consiste en operarle las tetas a su hija de 12 años? ¿Y si esa libertad consiste en no escolarizar ni enseñar nunca nada a sus hijos? Cuidado con las libertades que algunas las carga el diablo. La libertad tiene que ser absoluta si es sobre uno mismo pero si atañe a otro ser humano, corresponden unos límites.

Salía la señora de Lugo que con 52 años tuvo un hijo por inseminación artificial y con 62 otro. Cuando ya tiene uno de 28 con graves problemas de salud. Además, sola. Es decir que si le pasa algo tampoco hay un padre. Está su hermana, que no sabemos si la pobre tiene asumido que si le sucede algo a la madre, le cae todo el peso de la responsabilidad sin comerlo ni beberlo. Es que como ella tenía derecho a ser feliz…

 Y es que toda su argumentación se basó en que “ella tenía derecho a ser feliz”. Sí, si tenerlo lo tiene, todos los seres humanos sin excepción lo tienen. Ahora bien, ese fin no justifica el medio de tener un hijo a los 62. Y no es lo mismo en esto ser hombre que mujer. No señor. Llámenme ustedes machista. O feminazi (según en qué cerebro caiga el texto) No es lo mismo ser madre que padre. Tener 62 años y someterte a un tratamiento de fertilidad es egoístamente despiadado. Es mirar solo por ti y nada por tu hijo y su futuro. Es sencillamente la culminación del ego gracias a la ciencia que, por poder, puede hacer de todo si la dejamos.

No todo se puede justificar bajo la bandera de la libertad. Un bebé merece tener una madre que lo cuide sin agotarse, que le transmite el afán por la vida y las ganas que no se tienen de la misma manera a una que a otra edad. Los bebés necesitan mamá y abuelas y ambas tienen roles muy diferentes. Y sí, un bebé puede quedarse huérfano. Ya lo sabemos. Y también una madre joven lo puede hasta matar, ya lo sabemos. Pero esto no es un argumento para defender la maternidad en la etapa en la que corresponde ser abuela. 

Mucha gente se posiciona a favor de que la madre tenga libertad porque teme parecer una rancia, retrógrada, antigua…pero obvian el derecho del más débil en la ecuación que es el bebé que luego crecerá. Y, desde luego, obvian todas y cada una de las necesidades del que luego será un joven.

La biología nos ha dotado de un rango de fertilidad bastante amplio, por cierto. Desde los doce, trece (obviamente no es una edad óptima para ser madre) hasta los casi cincuenta. Para el cuerpo la edad perfecta para la maternidad es entre los 20 y los 30 y para el cerebro y cuerpo lo ideal sería entre los 25 y 35. Como llevamos la vida que llevamos lo vamos atrasando pero eso el cuerpo ni lo sabe ni le importa, de ahí que a partir de los 33 empezamos a descender la producción ovárica. ¿Por qué somos tan soberbios de no fijarnos más en la naturaleza y menos en la ideología del yo, mí, me, conmigo?

2 thoughts on “Maternidades yo, mí, me, conmigo

  1. Desde luego. una cosa es que se pueda tener hijos y otra que se deba. un beso.

  2. Un tema peliagudo, ya lo creo. A pesar de que nuestro cuerpo esté preparado para el embarazo entre 25 y 35 años, en ocasiones nuestra cabeza no. Siempre me llama la atención la manera que tienen nuestros mayores de mirar a los niños, con un mensaje oculto en sus ojos, de entrega de amor. Creo que no coinciden en el tiempo el deseo real de crianza con la posibilidad natural de hacerlo, una pena…
    Saludos

Comments are closed.