No a los vientres de alquiler

cifu-3-1440x808Que la Iglesia Católica no vea con buenos ojos el vientre de alquiler no implica que todas las personas que no están de acuerdo con él sean católicas. Sucede lo mismo con el aborto. Existen personas totalmente ateas que también están en contra. Cristina Cifuentes es una firme partidaria de regularlo, así como Alberto Núñez Feijóo o Esperanza Aguirre. En algunos medios llaman a esta facción los modernos y a la que se opone los del Concilio de Trento, en una clara intención de ridiculizarlos por “retrógrados”.

Pero el caso es que el debate sobre el vientre de alquiler va mucho más allá de lo cuestión ética y plantea serios interrogantes sobre la factura biológica que pasa a la diada madre gestante y bebé. Porque la que gesta también es una madre, no en vano padece el embarazo y el parto (generalmente mediante una cesárea programada sin ninguna justificación médica) y las consecuencias biológicas que en ella permanecen después del parto no pueden ser, de ninguna manera ignoradas.

La cuestión tiene mucha miga, diría que el debate, si queremos ser serios, habría que hacerlo desde tres puntos de vista: El derecho del bebé, el derecho de la madre gestante y la cuestión biológica (que, en este caso, me parece más importante que la ética)

Siempre he defendido que ser padre no es un derecho y lo que sí lo es es tener un padre y una madre. O, al menos unos padres o madres de referencia (en el caso de los homosexuales) que te cuiden y te den el amor que por derecho trae cualquier vida. Que la ciencia avance y que tengamos una cuenta corriente desarrollada no nos da ningún derecho natural a “alquilar” a una mujer, generalmente pobre (salvo en USA), su vientre y gestar ahí una vida que llevará también su impronta aunque los óvulos sean de otra mujer que los ha donado (rizando más el rizo). El derecho del bebé a permanecer al lado de la madre que lo ha gestado es una cuestión que atañe a lo más elemental del desarrollo neuronal. Un bebé alejado del cuerpo de su madre se estresa, sufre una sensación de pánico inenarrable y no tiene absolutamente ninguna defensa más que llorar. Lo natural, lo sano, lo correcto, es que el bebé recién nacido pase inmediatamente a estar en el pecho de su madre, ambos desnudos, para que se toquen piel con piel, en silencio, casi en penumbra si es posible. Eso es lo idílico, lo sabio, lo que se debe hacer. La naturaleza, en su envidiable manera de hacer las cosas casi siempre bien, ha dispuesto que a partir de ese momento la mujer genere oxitocina a raudales que es la droga natural más plancentera que el ser humano produce, la misma que consigue, por ejemplo, que tengamos un orgasmo o que nos suba la leche despúes de alumbrar la placenta.

Romper eso idílico, diría que casi divino, es una auténtica aberración. Tanto es así que la salud perinatal ya ha modificado en muchos países la práctica de lavar al bebé a las horas y no justo al nacer para que se puedan establecer perfectamente esas maravillosas conexiones entre ambos cerebros. El lavado, ¿verdad?, puede esperar. La naturaleza ha dispuesto que pasen todas esas cosas, todas ellas desde el cerebro, para que la madre se enamore (literalmente) de su bebé, garantizando así que lo cuide incluso cuando se muera de cansancio o sueño.

Desde luego la naturaleza no contempla recursos para arreglar que a esa madre gestante, se le separe de su hijo. Y, por lo tanto, actúa. ¿De verdad somos tan sumamente ingenuos de pensar que eso no pasa factura? Puedo llegar a entender que un hombre o una mujer que no haya parido no lo entienda pero las que han parido y lo defienden, ¿no son capaces, acaso, de recordar qué sintieron después de dar a luz? ¿En serio vamos a comprar la idea de que todas esas mujeres van a seguir sus vidas tan alegremente como quién dona sangre? ¿Hemos visto los reportajes de esas mujeres en la India hacinadas como animales esperando a dar a luz para que esos padres blancos, ricos, guapos y con dentaduras perfectas cumplan sus sueños? ¿Sin una mínima reflexión sobre las terribles consecuencias? ¿Qué pasa con la herida primal que sabemos que existe? ¿La ignoramos como se puede ignorar que fumar puede provocar cáncer? 

¿Cómo podemos justificar en nombre de los derechos de unos, arrebatárselos a otros? A una mujer que la mayoría de las veces lo hace por pura supervivencia y a un bebé que no ha pedido nacer. ¿Dónde está escrito que porque tengas dinero tienes más derechos que otros a comprar lo que la naturaleza no te ha dado? ¿Pasando por todo incluido el abuso? ¿Por qué? El fin jamás puede justificar los medios. También se compran órganos. Pero para ello alguien se tiene que quedar sin ellos.

No escucho jamás en este debate el derecho de los bebés. Algunas feministas que están en contra del vientre de alquiler lo están por defender a la mujer pero ¿y el bebé? ¿Por qué siempre se nos olvida?

Cuánto jugamos a ser los dioses del Olimpo y qué pocas reflexiones hacemos sobre lo que supone atacar tan gravemente a la naturaleza. Nos puede la soberbia.

 

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2 thoughts on “No a los vientres de alquiler

  1. Además algunos de esos niños nunca tendrán madre, o padre.

  2. Te leí hace varios días y, la verdad. ‘E diste que pensar. No había reflexionado sobre bastantes cosas relativas al tema. Ahora, no tengo nada claro.

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