¿Y lo trendy que es ser una madre desapegada?

Vision of Medea 1828 Joseph Mallord William Turner 1775-1851 Accepted by the nation as part of the Turner Bequest 1856 http://www.tate.org.uk/art/work/N00513
Vision of Medea 1828 Joseph Mallord William Turner 1775-1851

No sólo la economía es cíclica. También otros aspectos de la sociedad como la maternidad. En los años sesenta, con la llegada de la verdadera liberalización para muchas mujeres (occidentales y con dinero porque para las pobres el cuento seguía siendo el mismo), se puso todo patas arriba incluida, como no, la maternidad. Hablar de mujeres y obviar eso es como hablar de Caribe y olvidar mencionar la playa. Sí, ya lo sé, una de las grandes ventajas de que nos liberaran fue, precisamente, darnos la posibilidad de elegir o no tender descendencia. Pero no se sabe qué tendrá el agua cuando la bendicen, el caso es que la mayoría de las que estamos liberadas, parimos. Y eso no es lo peor, lo peor es que muchas ¡hasta repetimos! Si alguien es tan amable de enlazarme alguna estadística, lo agradezco pero así a bote pronto somos más las mujeres que tenemos hijos que las que no. Y esperemos que no se invierta la tendencia por aquello de a ver quién nos pagará las pensiones.

Hasta la llegada de la píldora puede decirse que tener relaciones sexuales era un follón porque te arriesgabas a quedarte embarazada sin quererlo y a lo malo de esa circunstancia se unía que el honor, algo que no era poca broma, se veía mancillado. Ahora nos reímos pero dile tú a una señora de una aldea española de la década de los cuarenta qué significaba quedarse en estado sin estar casada. Muchas lo arreglaban casándose (las más afortunadas para esa manera de pensar) pero las que no, tenían que sufrir la burla, el desprecio o, en el peor de los casos, perder a ese hijo e irse a vivir lejos.

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Medea por Nancy Klangmann

Hoy día y desde hace ya por lo menos cuatro o cinco décadas, al menos en nuestra sociedad, la occidental, tener hijos es algo voluntario. En primer lugar su concepción y, cuando ésta falla, existe el aborto que, aunque no sea legal en todos los casos, cuando una mujer quiere hacerlo, no suele tener problema (en el aspecto moral no entro en este artículo). Antes había que ir a Londres pero desde hace tiempo en España abortar es tan sencillo como pagarlo en una clínica privada y los precios no superan los 500 euros. Es decir que no está solo al alcance de las ricas. Y, por cierto, no hay ninguna mujer encarcelada (ni ginecólogo) por haberlo hecho al margen de la ley.

Todo esto hace que tener hijos, para quién finalmente los tiene, sea algo absolutamente voluntario. Y, como voluntario, no entiendo esa moda que es ahora tan cool que es hacer como que me molestan, no vaya a ser que si digo que me encanta ser madre me aticen con el sambenito de maruja o cosa peor. Esto me recuerda a cuando el adolescente pasa por la fase de estoy tres horas arreglándome y el resultado es salir a la calle con pinta de desarreglado, así como quién no quiere la cosa. O como las “it-girls” que pululan por instagram y que salen en poses tipo “ay, me habéis pillado con estos pelos”. Todas estas actitudes no son más que postureo que, además, vive su época de esplendor gracias a las redes sociales.

Si a uno le gustan los percebes lo lógico es reconocerlo so pena de que le den bocata de mortadela con aceitunas. Si estás enamorada, es lógico que lo reconozcas, si te gusta tu trabajo todo el mundo puede entender tu pasión por él, por lo tanto yo no entiendo qué coño pasa con no reconocer que te mola ser madre o que te encantan tus hijos.

Hace unos días me hicieron una entrevista porque soy una de esas cosas que tanto se llevan ahora y que se llama emprendedora (he montado una editorial) y me preguntaban que qué soñaba con ser de mayor cuando era una niña. Y dije lo que, honestamente, lo que yo soñaba era con ser mamá. Luego he sido muchas cosas además de mamá. Y algunas con notable éxito. En lo profesional me ha ido razonablemente bien incluso en la crisis pero lo que de verdad a mí me llena es haber construido mi propia familia. ¡Qué le vamos a hacer si lo que siento cuando veo a mis hijas supera con creces al mayor de mis éxitos profesionales! Me pongo muy contenta cuando llegan a la editorial los libros recién salidos de la imprenta, por ejemplo. Pero no supera ni de coña ese sentimiento a lo que me pasa por la barriga cuando, por ejemplo, recojo a Mofletes Prietos (4 años) en la puerta de su clase y con su incipiente verborrea me cuenta lo que ha hecho o cuando, con esa mirada me demuestra sin ambages lo muchísimo que me quiere. Igual quedaría mucho más trendy decir que todo eso me resbala…pero es que estaría mintiendo.

Medea Anselm Feuerbach

Que la maternidad es dura no es ningún misterio. Y cuánto mayor es la madre (y el padre) más dura es. Quizás por algo la naturaleza ha previsto que tengamos a los churumbeles más pronto que tarde. Igual si nos fijásemos en esos pequeños detalles entenderíamos muchas cosas. Y ya no solo por cuando son bebés. Que luego queda mucha tela que cortar. No tengo ni idea de a qué edad me moriré pero si cumplo con las expectativas de esperanza de vida actuales, mis hijas se quedarán sin madre cuando tengan la edad que tengo yo ahora. Y eso es una faena porque yo disfruto de padre y madre que no han llegado todavía a los setenta y están ambos plenos de salud. Pero claro, es que mis padres me tuvieron a los 26 y yo fui madre a los 36. Y alguna desventaja tendría que tener…digo yo.

Jasón y Medea encantando al dragón del Vellocino de oro por Crosato

Fingir que mi vida es la misma antes que después de parir y además a los tres días, pretender que nada ha cambiado y que no estoy dispuesta a ello porque “oiga, para eso lucharon las que me precedieron“, es tan mentiroso como proclamar que la tierra es plana. La vida no puede ser igual. Incluso aunque dejaras a ese bebé en una inclusa su huella seguiría en ti. Abordar la maternidad sin tapujos no significa renegar de ella ni convertirla en un problema cuando es, en realidad, parte de la solución. La maternidad hay que enfocarla desde lo que es; una realidad biológica, cultural y social, pero sobre todo biológica. Pretender que al cerebro de una recién parida no le pasa nada si la separan de su bebé es, cuando menos, ingenuo. Pero vale, si ella lo decide, ok, es adulta. Ahora bien, proclamar, en base a no sé qué moda, que eso no pasa factura a un bebé y a su cerebro es, cuando menos, insultante. Que es que yo quiero descansar, oiga. Bueno, pues haber tenido tortugas que no dan trabajo. Que una, en su libertad, puede fumar en su embarazo pero no proclamar que no pasa nada porque “mira yo fumé y me han salido dos mocetones bien majos”.

Todo lo que concierne a nuestros partos o nuestros nacimientos importa. E importa tanto que en algunos países como UK o los nórdicos (siempre tan por delante en estos temas), la salud perinatal es básica para evitar cosas tan graves como depresiones postparto. 

Y aquí no se trata de ser buenas o malas madres, ni antiguas ni trendys. Aquí de lo único que se trata es que lo que es ciencia, lo es y lo que no, es opinable. Y si somos unas grandes profesionales de nuestro trabajo so pena de ir a la puta calle, entonces no sé cómo no somos más responsables cuando nos toca ejercer un papel previamente aceptado: el de ser madre.

2 thoughts on “¿Y lo trendy que es ser una madre desapegada?

  1. Estoy completamente de acuerdo. Un beso.

  2. No le veo el sentido a tu post. Todas las madres están encantadas de serlo y las raras son las otras. Al menos en mi mundo.
    Saludos.

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