La ideología de género en los pasillos azules y rosas

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Fue Thomas Hobbes (1588- 1679), un filósofo inglés clave en la base del pensamiento político contemporáneo, el que sostuvo en su obra Leviatán que eran la autoridad y no la verdad, la que hacía la ley. Bien es cierto que él para afirmar tal cosa tenía como modelo la forma de gobierno que en la época moderna imperaba: la no separación de la iglesia y el estado ni, desde luego, de poderes. Pero aquella afirmación bien puede traerse a la época contemporánea y ser aplicada. Basta con sustituir Iglesia/monarquía absoluta por corrientes de pensamiento que todo lo invaden (véase la ideología de género) para saber que todo esto es cierto. El pensamiento único y al servicio de lo políticamente correcto puede ser tan peligroso como la peor de las inquisiciones.

 

Cuando mi hija mayor (hoy 6 años), cumplió dos, su padre le preparó un regalo todo emocionado y centrado en los gustos que a él le hubiera gustado que a ella le gustaran. Era tan pequeña que resultaba complicado saber qué le podría apasionar aunque ya por entonces mostraba su inclinación por los caballos. Le compró y preparó con todo lujo de detalles un par de cochazos: un ferrari y un porsche. Justo lo que a él le gusta: los coches. Ni que decir tiene que la niña acogió los regalos con una cara suprema de felicidad. A esa edad, hasta un carbón bien envuelto le hubiera gustado. Basta con que los mayores le pongan entusiasmo al tema. La cosa cambia, sin embargo, cuando van creciendo. Diría que sobre los tres años ya son bastante claros sobre qué cosas son las que les gustan. A doña Tecla le siguen apasionando los caballos, especialmente los de verdad, tanto es así que practica la equitación, y a Mofletes Prietos (4) le apasionan los bebés. Y disfrazarse.

Como la pequeña es, digamos, más entusiasta de hacer planes, los bebés han terminado por imponerse en nuestra casa y ambas tienen un juego que nadie les ha enseñado ni jamás nadie les ha indicado que lo hagan: juegan a ser madres que toman el té en una cafetería. Si mis hijas se pidieran un vino (ficticio) jugando, me encajaría más puesto que es lo que me suelen ver pedir cuando vamos a tomar algo. ¿Pero un té? Creo que la última vez en mi vida que me tomé un té no había cumplido los veinte. Preparan unas mesas espectaculares: con sus tazas, sus servilletas, su tetera, su cesta de pastas…cualquiera diría que se han criado en Downton Abbey. Pero no, se han criado en Madrid y, si bien es cierto que en mi casa ponemos la mesa a diario, digamos completa, jamás he organizado un té con amigas. ¿De dónde lo han sacado? Es un misterio. Imagino que lo habrás visto en algún capítulo de la siempre cursi Princesa Sofía. A saber.

La ideología de género que todo lo invade detesta la diferenciación del rosa y del azul en colores destinados a niña y niño respectivamente porque cree, asegura, eso es parte del machismo que nos invade. Y me temo que va camino de fracasar tanto como aquella ideología que, en su día, propugnó que las mujeres no nos depiláramos ni llevásemos sujetador porque ambas cosas eran símbolos de la opresión machista, más conocida hoy día como patriarcado, heteropatriarcado o heteropatriarcado capitalista, dependiendo de dónde leas el término de marras. Por cierto, en una tribu africana donde no tienen agua corriente no existe ni el rosa ni el azul y, sin embargo, sí existe el machismo. ¿Verdad? Da qué pensar. Por lo tanto la lucha contra el machismo se diluye en esa y otras tonterías que nada tienen que ver con la triste realidad.

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Para mí la lucha contra el machismo (que, desde luego existe) no pasa por ahí. Y no lo hace porque una lucha no puede obviar una realidad biológica y de ser. Las mujeres traemos de serie y de manera biológica el hecho de la maternidad y, si bien es cierto que, además, desarrollamos unas grandes capacidades intelectuales, ese hecho es insoslayable y dejarlo fuera es ir contra la verdad. Que luego en la etapa adulta muchas decidan no ser madres, no significa que de niñas no jueguen a ese rol. Y sí, hay niñas que jamás juegan con muñecas (yo no lo hice), pero lo cierto es que la gran mayoría de las niñas optan de manera libre y voluntaria a ser mamás y eso no deberíamos confundirlo con sexismo ni, muchísimo menos, con machismo. ¿Qué tiene de malo? ¿Qué tiene de malo ser maternal y jugar a que cuidas a tu bebé? Si lo hace un niño los modernos se derriten, si lo hace una niña, esos mismos modernos hablan de supremacía de la cuestión cultural que se impone a la sexual. ¿En serio? ¿De verdad están tan ciegos?

La lucha contra el machismo tiene que ser la defensa de la igualdad de oportunidades educativas primero y laborales después. Significa no discriminar a una mujer en su trabajo porque se pueda quedar embarazada. Pero todo eso no puede pasar por obviar lo que somos y que lo somos desde bien pequeños. No sé por qué tanto odio a lo femenino, a lo sutil y a lo cálido que siempre ha sido pertenencia de la mujer, tienen algunas defensoras de un feminismo que yo no comparto. Mi feminismo no elude la parte femenina de mi naturaleza incluyendo, claro está, la parte de la maternidad, un hecho que no puede ser apartado a la hora de valorar algo tan importante como es el comportamiento en el juego. Hay niñas que juegan a que dan la teta a sus bebés. ¿Acaso tiene eso algo de malo? Lo raro sería que lo hiciera un niño aunque si lo hace tampoco pasa nada. Pero raro es puesto que los hombres no dan la teta. Dan el biberón, pero no la teta. Nos pongamos como nos pongamos los hechos biológicos son los que son y por muchos avances que tengamos no dejarán de estar condicionando nuestra forma de vida.

unmundofeliz_by_masg72Hace poco leí que científicos creen que en setenta años habrá úteros artificiales para poder tener hijos. Oye, qué fantástica idea, ¿no? Así cualquiera, independientemente de si tiene o no pareja o de si es hombre y mujer podrá encargarlos. Rubios, con ojos azules, altos, súperinteligentes…un momento, ¿todo esto no lo predijo en su día Aldous Huxley en su fantástico libro Un mundo feliz? Sí, lo hizo. Y en la novela se fabrican humanos por clases. Obvio, claro. Si solo fabricamos ingenieros a ver quién nos limpia las calles, ¿verdad? Volviendo a la cuestión biológica. Si ese día llegase, el de los úteros artificiales, ¿creen que las mujeres dejaríamos de desprender un olor en forma de feromonas que los hombres captan cuando estamos fértiles? Me temo que no. Por mucho que la ciencia avance el hecho biológico, la razón última de ser (supervivencia/reproducción), seguirá latente en nuestros cuerpos. De ahí que la ideología de género puede desgañitarse lo que quiera pero lo que viene de serie desde miles de años en nuestra impronta, en nuestro ADN, no desaparece.

Pasillos azules y rosas. ¿Qué más da cómo estén colocados los juguetes? Me da la sensación de que en la lucha por evitar el machismo nos vamos por unos derroteros muy erróneos. Yo no quiero ser un tío. A mí me encanta ser mujer con todo lo que ello conlleva. La lucha por la igualdad es en los derechos y las oportunidades, no que ellos lleven faldas (salvo escoceses, claro) y nosotras pantalones. Esas son cosas absolutamente secundarias. Lo importante y relevante está dentro de las cabezas y en el hecho biológico. Y sí, se puede dar que una niña quiera jugar a los camioneros y un niño a tomar el té con sus amigas. Pero lo habitual no es eso. Y si no es así, ¿por qué será?

Pero la cuestión de fondo es. Si en El Corte Inglés dejan de separar los juguetes rosas y azules, ¿dejaremos de tener la terrible lacra de la violencia machista? ¿Cobraremos igual hombres y mujeres por idéntico trabajo si obligamos a las niñas a jugar a los héroes y a los niños a las madres? Permítanme que lo dude. Creo que la igualdad de derechos no incluye la igualdad de hombres y mujeres en todo lo que concierne a nuestros cuerpos, mentalidades e instintos.

 

 

 

4 thoughts on “La ideología de género en los pasillos azules y rosas

  1. Excelente artículo, y que desgrana muy bien lo que suelo criticar de ciertas y ciertos ‘feministas’ que creen que con darle una barbie a un niño ya hicieron del mundo un lugar mejor. Oh, ¿pero le dan la misma barbie a la niña? Claro que no, porque es extender la opresión del patriarcado… Hipocresía es lo que me parece. Por mi parte, lucho e inculco en mi hijo que a pesar de que somos diferentes biológicamente y en cuanto a gustos se refiere (y vamos que las diferencias las notó él solito al ir creciendo) ambos tenemos derechos que no deben ser menoscabados por nadie y que aunque ciertas injusticias no nos afecten directamente, no debemos ignorarlas ni perpetuarlas.

  2. Muchas gracias por tu aportación. El ejemplo de la barbie es genial.

  3. Empezar por aceptar que un niño cocine o pasee a su bebé es un primer paso. Pero hay que enseñarle a participar en las tareas de casa (según la edad), a no discriminar pensando que como es niña no es buena para su equipo de fútbol, a reconocer los méritos femenimos en igual estandar que los masculinos y sobretodo, a reconocer y respetar a LA PERSONA, sea del sexo que sea.

    1. Por supuesto, en eso creo que todos estamos de acuerdo. Pero eso no se consigue no separando los juguetes por sexos.

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