Feminismo sin lo femenino

salvadosAyer pude ver el programa Salvados sobre un tema que me importa y preocupa: el feminismo. Me importa en cuanto lucha y promueve la igualdad de derechos y oportunidades y me preocupa porque sigue dando palos de ciego a pesar de que el debate tiene ya una larga trayectoria. ¿Cómo hacer entender a todos los feminismos (porque hay varios) que no se puede hacer una debate serio excluyendo lo que más nos define al menos en lo biológico? ¿Cómo hacer que de una buena vez planteemos el debate en serio sin obviar que la maternidad tiene el máximo papel en este debate?

La maternidad es un hecho en la gran mayoría de las mujeres. Hoy día, al menos en Occidente o primer mundo, es una cuestión de voluntad en casi todas. Los métodos de control de natalidad facilitan que la mujer decida cuándo y cuántos hijos quiere tener frente a la penosa situación que se vive en el resto del planeta donde millones de mujeres viven con la guadaña de quedarse embarazadas más de diez veces en su vida y de poder morirse en partos mal atendidos y en condiciones infrahumanas. Y eso, aunque importa también en el feminismo, es otro debate.

El hecho entonces de que tenemos hijos es algo que no debemos obviar y que, sin embargo, la mayoría de los feminismos ignoran de manera reiterada. ¿Cómo plantearnos ser iguales en el mundo laboral si olvidamos que nos embarazamos, parimos y tenemos bajas? Excluirlo del debate, o minimizarlo no es serio. Básicamente porque tener un hijo no es como hacer una mudanza de la que te ausentas dos o tres días del trabajo y vuelves a la oficina igual que te has ido. Tener hijos supone un cambio psicológico, de logística, de manera de ser y enfrentar la vida y por lo tanto, esa trabajadora será una trabajadora diferente cuando se re-incorpore. Ni mejor ni peor. Será diferente. Porque su cerebro tendrá presente siempre una cosa que para ella ya nunca más dejará de ser lo más importante y crucial: su cría. Y eso influirá en su trabajo para muchísimas cosas. Lo dijeron en el debate: “los hombres no ven alterada su vida profesional cuando son padres, las mujeres, sí”. Si lo sabemos, ¿por qué no negamos? O peor aún, lo escondemos porque lo consideramos algo negativo cuando no debería ser así.

El feminismo de los setenta nos quiso iguales a los hombres. Y aunque la intención era buena (porque perseguía la igualdad de derechos), se quedó escasa, se quedó corta, pero sobre todo, irreal. Hacer como que no ha pasado nada después de 15 días de haber parido y sentarte en la oficina para recuperar tu ritmo saliendo a las 21.00 muchos días, o pretender incluso viajar, no se ajusta a la realidad. Poder se puede hacer. Basta con encargar esa tarea del cuidado del bebé a otra persona, sea pagada o sea familiar, y la madre se verá “liberada” Y es así donde viene la gran pregunta. ¿Liberada con qué consecuencias? Porque veamos una cosa. Una puede seguir una ideología, puede repetirse como mantras que todos somos iguales y que si ellos pueden, nosotras, también, y tirar de la maleta en el aeropuerto hacia un viaje de una semana separándote de un recién nacido. Una puede hacer todas esas cosas y más si quiere. Pero ¿qué coste tiene esto? ¿Qué coste tiene para el bebé?, ¿Qué coste tiene para la madre? ¿Y para la sociedad? 

En términos cuantitativos lo tiene. Podemos pensar que ahorraremos al estado un dineral, no te cuento al empresario. Encima fomentaremos la creación de guarderías (empleo) y aquí parece que todos nos ponemos tan contentos porque hemos dado con la solución al problema. Pero es que la parte cualitativa, es decir, el coste emocional para la madre y el bebé, saldrá seriamente dañado. ¿Por qué? Porque la biología no atiende a la ideología sino a lo único que se debe que es a garantizar la supervivencia.  Y como está diseñada para eso no entiende de avances ni de siglos. De manera que el bebé de 3 semanas que llora porque necesita el cuerpo de su madre, con su olor, con su voz y con su todo, no sabe distinguir si está en el pleistoceno o está en Madrid en 2016. Su cerebro no está diseñado para eso sino para sobrevivir y para sobrevivir necesita a su madre (acuérdense, antes no había biberones y el cerebro no sabe que se han inventado).

No es el motivo de este post pero basta con leer los estudios publicados por Nils Bergman sobre las conexiones neuronales en los recién nacidos si están cerca o lejos de su madre. Si hay separación de la madre y la cría en el momento del nacimiento, cientos de millones de neuronas no se fijarán correctamente, con las consecuencias a corto, medio y largo plazo que eso conlleva.

El comportamiento neuroendocrino altamente conservado, que es como Bergman llama al instinto, es el que consigue algo así como la magia de que un recién nacido trepe por el cuerpo de su madre hacia el pezón para mamar. Esto es así durante las primeras horas…pero también durante los siguientes meses. Y es aquí, cuando confrontamos la llamada exterogestación con lo puramente social, cuando tenemos un problema, y de los gordos, para hacer encajar las piezas. Si rompemos este proceso que tan minuciosamente la biología ha planeado para nosotros, puede que “a priori” no pase nada. De hecho ni los bebés se mueren ni las madres tampoco. Pero las cosas nunca son gratuitas, en biología tampoco. Y resulta que sí que pasa. Para empezar la madre, a través de reguladores, controla con precisión cada elemento de la fisiología del bebé, desde el ritmo cardíaco hasta su liberación de hormonas, desde su apetito hasta la intensidad de su actividad. La cuestión hormonal también queda tocada con la separación. Todo esto es lo que se modifica: Los ritmos circadianos de sustancias hormonales como la hormona del crecimiento (GH), el Cortisol, la Melatonina (MLT) y la prolactina (PRL) inducidos en gran parte por los “zeitgebers”  (relojes internos o endógenos) acompañan el proceso del ciclo vigilia-sueño. Como ven, romper todas estas cosas claro que tiene consecuencias. La mala noticia, para la cuestión económico-empresarial, es que esto es así al menos hasta que el bebé deja de serlo, es decir, hasta el año. La buena es que a partir de los cuatro o cinco meses ya casi no duerme durante el día por lo que la noche la puede pasar perfectamente pegado al cuerpo de su madre.

No parece necesario leerse sesudos tratados científicos para corroborar lo que para cualquier persona con sentido común es más que obvio: que el bebé debe estar con la madre durante los primeros meses. Diría que, como mínimo, los 6 primeros. Aunque lo ideal, lo verdaderamente ideal serían los primeros 24 y que es lo que hacen tantas sociedades nórdicas y aquellas en las que la mujer no trabaja o lo hace en el campo. Desde el punto de vista de la salud de la madre y el bebé, es lo óptimo. El bebé crecerá mucho mejor y más seguro y la madre evitará tener depresión post parto, algunas de las cuales son tan severas que pueden llevar a matar al propio bebé.

Todo esto es tan amplio y complejo que no puedo extenderme en un solo artículo pero precisamente porque es así su magnitud, no se entiende que no esté incluido en la mayoría de los debates sobre feminismo. Para empezar, siempre llevan a las mismas, mujeres que vivieron el esplendor de la ideología en los setenta y que, además, muchas, no tienen hijos. ¿Hubiera podido Rosa María Calaf ser la magnifica corresponsal que fue de haber tenido hijos? No parece muy realista plantear un debate si dejamos de lado la cuestión que más nos condiciona para todo.

salvados2Podemos tener hijos e ignorarlos. O que los cuiden otras. Eso es verdad. Pero lo cierto es que la mayoría eso no la acepta (la naturaleza suele hacer las cosas bien) Entonces ahí tenemos instalado un problema que habrá que solucionarlo porque los empresarios no quieren contratar mujeres que se vayan a ausentar de la empresa durante un año y a la que le van a tener que seguir pagando la SS mientras que tendrán que contratar a otra. Las mujeres se sienten, nos sentimos, discriminadas por este hecho y no queremos ser juzgadas de segunda solo por la “amenaza” que supone para el empresario que nos embaracemos. No alcanzar el techo de cristal muchas veces viene dado por este pequeño “detalle”.

¿Dejamos entonces de tener hijos? Obviamente eso nos conduciría al caos así que el feminismo actual tiene que pasar por asumir que ese problema existe y que habrá que darle una solución. Para empezar aquí el estado ha de intervenir y eso que no soy muy partidaria de que haya intervenciones. Cuantas menos, mejor. Pero es una cuestión de salud y de salud mental (niños con más apego, ciudadanos menos violentos) En el momento que el Estado asumiera buena parte del salario de la mujer que da a luz, es probable que el empresario se relajara un poco antes de solo contratar hombres. Pero no todo se resuelve a golpe de talón. Falta la parte del pensamiento.

España es un país tremendamente hipócrita en ese sentido ya que si pasados los 35 no has procreado empiezas a ser sospechosa  (no te digo si abiertamente no los quieres tener) pero si los tienes, también eres un problema para las empresas. ¿Quizás querrían que pariésemos estilo Un mundo feliz de Huxley?

Por lo tanto, más que de cuotas, más que enarbolar discursos sobre que somos iguales que tanto daño hacen porque, es obvio que no lo somos, dejar claras las parcelas que son estrictamente femeninas y que tienen que ver con el sagrado derecho sexual de la reproducción. Sin reproducción, además, no hay producción, no hay capitalismo.

La lucha también está ahí. En reivindicar nuestro derecho a estar con el bebé y a retirarnos un tiempo a cuidar lo que es un bien de la sociedad: un bebé que algún día también cotizará y pagará impuestos. Y dejar de lado esa ideología mentirosa que nos define como iguales a hombres y mujeres. Iguales en derechos y obligaciones y oportunidades, sí, pero muy diferentes, afortunadamente, también. Recuperemos el gineceo. Recuperemos lo que siempre fue nuestra sagrada parcela.

Y un último tema y es acerca de los juguetes. Desde luego detesto frases tipo “llorar como una niña” pero tengo dos niñas y, sin explicarles jamás nada, es más, haciendo proselitismo su padre con los coches, no hay manera de que jueguen a otra cosa que no sean las mamás y los bebés. ¡Pues dejemos que lo hagan! ¿Acaso no es la biología la que nos prepara para el camino?  a mí me parece tan tierno verlas ahí a las dos tomando el imaginario té con sus bolsos y carritos al lado…

Este debate, el de la maternidad, se tocó de soslayo. Y a mí me parece que es la cuestión principal a la hora de debatir este tema. Se quedó corto por eso pero también por algo que es la cuestión social y que no es más que afrontar la maternidad desde diferentes escenarios económicos, culturales y sociales. Por mucho que nos sentemos cómodamente las que tenemos la vida bastante bien resuelta a la hora de las ayudas en casa, hay muchísimas madres, la mayoría diría yo, que no encuentran tan satisfactoria la maternidad. Y hay muchas mujeres que, además de no encontrarla tan satisfactoria por agotadora, encima tienen un trabajo que no les gusta, que las hace infelices y por el que cobran una miseria. Seguramente cuando desde nuestras atalayas de ilustradas nos oyen hablar, piensan en lo ridículo de nuestro mensaje. ¿Vieron con qué sentido común hablaba la limpiadora de ayer del debate? Fue la más honesta al plantear la situación. La teoría está muy bien pero si no baja al meollo del asunto no resuelve. Y genera frustración.

Y sí, desde luego queda muchísimo por hacer, el machismo sigue muy vivo en esta sociedad, hoy en día para llegar alto profesionalmente son las mujeres las que sacrificamos a la familia y no los hombres. Y esto, que nos cabrea tanto, tiene su explicación biológica y conocerla y asumirla quizás nos haría hacer las cosas infinitamente mejores. Pero para ello habrá que llamar a las cosas por su nombre, decir las verdades pero sobre todo no mentirles a las niñas diciéndoles que somos iguales a la hora de afrontar la vida cuando no es cierto. Obvio que somos iguales en derechos y oprtunidades en derechos y oportunidades pero en nada más. Nosotras somos la empatía, somos las encargadas por la naturaleza de cuidar al bebé. Y no es precisamente porque seamos el sexo débil. Justamente por lo contrario. ¿Se lo había planteado alguna vez?