¿Qué habéis hecho con el feminismo? ¿Por qué lo habéis desvirtuado?

julien_dupre_les_foins_5251Leo en un periódico: “Un grupo feminista ataca el Primark contra la talla 38”  ¡Qué interesante! No me cabe duda de que para coger un jueves por la tarde y plantarte delante de una tienda de ropa a protestar porque tienen la talla 38, has de tener, como mínimo, mucho tiempo. Eso sí es una suerte. Sigo leyendo y dice la noticia que tenían un lema: “Contra la talla 38 que me aprieta el chocho“. Una declaración de intenciones muy intelectual, sí.

En primer lugar me provoca un rechazo tremendo el hecho en sí pero, sobre todo, me molesta que se atribuya este acto de máxima intolerancia a la palabra feminismo. Eso no es feminismo. Quién piense que lo es está ya irremediablemente contaminado por una ideología que no ha hecho más que tirar piedras contra nuestro propio tejado.

Honestamente la noticia parece sacada del Mundotoday porque no puede ser más absurda. Pero es real. ¿Por qué hacen esto? Básicamente porque tienen unos conceptos muy equivocados de qué es el feminismo pero sobre todo porque tienen un batiburrillo mental preligroso y caprichoso. No pasa por buena época una de las ideologías que más han hecho por las mujeres en la historia. Básicamente porque han adulterado y prostituido tanto su significado que hasta da vergüenza ajena verlas hacer lo que hacen en nombre de ya no se sabe qué.

A mí me gustaría saber qué problema tienen ellas en que cada mujer tenga la talla que quiera (o que pueda) y se vista como le dé la gana. ¿Qué hacemos con las mujeres de la talla 38? O de la 36 o incluso la 34. ¿Las aniquilamos? ¿Las vestimos con tallas más grandes para poder luchar contra ¿qué? exactamente. Quienes defienden estas acciones justifican sus actos diciendo que la moda es un reflejo de la sociedad machista en la que vivimos y que cosifica a la mujer. Bien, en eso estamos de acuerdo. La moda quiere cosificar a la mujer convirtiéndola en un objeto sexual y, encima, con pocas luces, una suerte de mema con unas tetas enormes y con caderas imposibles de niña de 14 años. Lo volví a comprobar ayer mientras entraba en un centro comercial y vi un cartel enorme de una modelo que posaba con los ojos semicerrados y la boca entreabierta. La pobre parece que está teniendo un orgasmo perpetuo…pero obviamente fingido y en el medio del campo. Su cara te persigue desde el comienzo de las escalera metálica hasta el final y a mí al menos me entró la risa imaginándome a cualquier de las mujeres profesionales que día a día me encuentro, posando así, tan ridículas. Nadie está así en la vida, uno no va por la calle y se cruza con mujeres que van con cara de permanente orgasmo, de hecho, a los modelos masculinos no les hacen posar así con esa cara de idiotas. Vale, son ridículas…pero vamos a lo importante:  a mí eso no me quita mis derechos como mujer. Lo que me quitaría mis derechos es que yo sea cirujana y gane un 20% menos que mi compañero de quirófano. Eso es machismo y luchar contra eso es el verdadero feminismo.

Lo que importa es el acceso al conocimiento, al pensamiento, a la cultura. Ahí está el verdadero origen de la igualdad de oportunidad. El saber es la verdadera arma contra la desigualdad. Además es un arma pacífica, no daña, no hiere, edifica, construye y suma que, en definitiva, es de lo que se trata.

Nací en el 74 y, por lo tanto, no tengo nada que ver con el franquismo pero mi madre siempre me contó cómo eran los campamentos de verano a los que iba siendo adolescente de la Sección Femenina. Me cuenta siempre las cosas que les decían y que hacían con un único propósito: lavarles el cerebro. Las comparo con estas que se denominan feministas pero no lo son, y veo que son la misma cosa. Unas propugnan una ideología y las otras, la contraria pero ambas persiguen el mismo fin: sacar de su vida la libertad de pensamiento y basar su ideología en un odio hacia alguien. En el caso que nos ocupa, a los hombres. Porque representan, en su conjunto, “el mal”.

La cosa no sería de gran preocupación si no mediase en todo esto la violencia y la falta de respeto a quién no piensa cómo ellas dicen que hay que pensar. Por ejemplo, en las iglesias. Entrar desnudas o semidesnudas, hacer pis dentro de ellas, atacar a los que, de manera legítima, están orando dentro. Atacan a la Iglesia porque la consideran también el origen de todos los males, del “patriarcado o heteropatriarcado”, ellas siempre usan palabras muy rimbomantes. En realidad le están dando a la Iglesia un poder que no tiene ni de lejos. La iglesia no legisla, no prohíbe ni permite nada en el ámbito de la vida civil y se pertenece a ella si uno quiere. No se persiguen ni se queman mujeres en la plaza por ser ateas. Eso hace siglos que, afortunadamente, se terminó.

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Julien Dupré

Esta ideología, que tiene un nombre, la de género, está muy en la línea del pensamiento egocéntrico y narcisista que tanto triunfa actualmente en Occidente: la culpa siempre es del otro. Yo tengo derechos pero no cumplo con mis obligaciones. En realidad es una forma bastante cómoda de ir por la vida ya que no requiere ningún esfuerzo más que el de levantar el puño y desgañitarse. Pero ni es ética, ni es real. Muchas de estas mujeres paren varones. Y también niñas, a las que inoculan el odio en vena hacia los hombres. Lo he visto con mis propios ojos no hace mucho. Una madre convenciendo a su hija de que las mujeres somos mejores que los hombres. Siempre. Sin excepciones. Por el mero hecho de haber nacido mujer. Es tan indecente como convencer a un hombre de su superioridad frente a la mujer por el hecho de ser varón. 

Lo preocupante, aberrante de todo esto es que estas mujeres nos han arrebatado la bandera del verdadero feminismo. Eso que defienden no sé qué es, pero feminismo, no. Han prostituido de tal manera el mensaje que lo han convertido en una ideología basada en el odio. Las mujeres de los años 20, 30, del siglo XX, las que tanto hicieron por nosotras, no odiaban a sus maridos. Odiaban que una ideología no las dejase opinar pero no a los hombres. Las que ahora nos han robado la bandera hacen un uso totalmente desvirtuado y al servicio de su ideología que siempre pasa por la violencia verbal, cuando no física, por el si no estás conmigo estás contra mí (censura), una ideología que no atiende a las necesidades de la biología humana sino a sus intereses ideológicos que suelen ser egocéntrica-mente despiadados con quién no les baila el agua y teñidos de una cursilería ramplona y vacía de contenido. Tienen frases grandilocuentes pero sin ausencia de pensamiento crítico, sólido, pero sobre todo, real.

Me encuentro este maravilloso texto que les recomiendo y que define a la perfección lo que les digo.

No me gusta el tiempo en que  vivimos. Es un tiempo ramplón, insincero, en el que crece la censura, la negación, el ocultamiento. En el que por ausencia de previsión las cosas se nos echan encima y no sabemos por qué nos pasa lo que nos pasa. Un tiempo de personajes sin grandeza, de personajes como sacados de una chistera pero por el lado menos afortunado.  El adocenamiento lo va cubriendo todo como una mala marea de chapapote.

Un tiempo sensiblero y poco sensible, un tiempo en que la inteligencia y la ilustración han de ceder paso a la emoción y el buenismo como si ahí estuviera lo que nos caracteriza y nos hace lo que somos. Un tiempo de renuncia a lo que nos ha traído hasta aquí y al brillo que fuimos capaces de crear en el arte y la ciencia. Un tiempo en que por todas partes se producen implosiones porque hay muchas hoyas cerradas. Un tiempo que está pidiendo a gritos libertad y verdad para encarar el futuro con esperanza.

Termino con una confesión llena de impotencia. El otro día hablaba de todo esto con mi marido y un amigo suyo. Estábamos en lo que se llama filosofía de barra. La camarera nos escuchaba y decidí preguntarle qué opinaba. Y nos dijo:

Claro que soy feminista, yo odio a los hombres”

25 años. Se me cayó el mundo a los pies. ¿Para eso lucharon tanto las sufragistas que incluso algunas lo pagaron con sus vida? ¿Para que grupos radicales hayan conseguido desvirtuar el feminismo de esta manera, convirtiéndolo en una lucha contra todo lo masculino?

One thought on “¿Qué habéis hecho con el feminismo? ¿Por qué lo habéis desvirtuado?

  1. Feminismo es una maravillosa idea, es una filosofía de vida. Hay que luchar para conseguir la igualdad de la mujer en todos los ámbitos. Pero no se es más feminista por odiar más a los hombres. Yo, como padre de tres niñas, estoy preocupado cuando veo que ellas son más brillantes en el colegio, ellas tienen los mejores expedientes pero en las empresas estarán a las órdenes de sus compañeros menos brillantes por el simple hecho de que éstos son hombres.

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