El macho ha muerto. Él se murió y entre todas lo mataron

Este vídeo, que hace tiempo fue viral, tiene una connotación de lo que significa el macho en la naturaleza que no deberíamos dejar escapar a nuestra retina pero, sobre todo, a nuestras reflexiones. El gorila macho es el que ejerce de protector ante la manada: hembras y cachorros. Lo hace porque es el más fuerte físicamente pero, sobre todo lo hace porque es el jefe y es el jefe porque es el macho. ¿Es esto machismo? Depende de cómo lo plantees. Pero a las gorilas eso no parece importarles demasiado. Ellas se sienten seguras al ser protegidas y no lo cuestionan. Y no porque sean sumisas. Simplemente porque asumen los roles que la naturaleza les ha otorgado. Son prácticas. El comportamiento de los gorilas, de hecho, está perfectamente estudiado y se sabe que en una manada solo hay un macho dominante y este no solo ayuda a cruzar la carretera. Su papel principal es la protección de toda la manada (no suelen ser más de diez): resuelve conflictos, toma decisiones pero, sobre todo, se encarga de la defensa en caso de que aparezca cualquier depredador. Es, por tanto, un papel determinante que todos aceptan porque, literalmente, les va la vida en ello. Es más, los machos jóvenes, una vez alcanzada la vida adulta deben irse de esa manada para formar otra: no hay cabida para dos jefes. Cuando el macho alfa muere, la manada tiene verdaderamente comprometida su supervivencia. Y, se sabe, permanecen días junto al cadáver llorándolo.

Según se analicen las cosas en la naturaleza, muchas nos pueden parecer tremendas pero lo que siempre prevalece es la protección a la supervivencia. Todo en ella está encaminado a proteger la vida y a favorecer la reproducción. Los seres humanos, seguramente aupados por la ciencia, dejamos de escuchar a la naturaleza hace mucho tiempo y esto nos ha traído cada vez más mayores consecuencias. Para garantizar dicha supervivencia la naturaleza es cruel y selectiva pero también tremendamente violenta. Cuesta aceptarlo pero no hacerlo es falso y muy propio del pensamiento happy actual.

Después del tsunami de Thailandia se sabe que los animales comenzaron a huir hacia las montañas 24 horas antes de que sucediera. Y, salvo contadísimas excepciones de gentes muy mayores, la mayoría de la población no percibió ese comportamiento. De haberlo hecho muchos se hubieran salvado pero ¿cómo es que la mayoría no tuvo esa intuición? Las respuestas pueden ser de lo más variopintas pero la más sensata es concluir que ni se fijaron en ese detalle. Demasiada desconexión.

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Isis, diosa egipcia de la fertilidad

Este retroceso nos lleva, por ejemplo en Occidente, a haber convertido la maternidad en un objeto de estudio con unas incógnitas que la mayoría de las madres no sabemos solucionar cuando, de repente, nos ponen a los bebés encima y nos quedamos a solas con él en la intimidad del hogar. Es tal la escisión que padecemos con nuestra biología que muchas dicen no poder amamantar, muchas paren (parimos) por cesárea, y convertimos algo tan natural en algo tan científico y llenos de sesudos manuales. Libros, artículos, conferencias, talleres…para hablar de una de las pocas cosas que la naturaleza nos otorgó para hacer por puro instinto de supervivencia. Recuerdo un taller que se impartía sobre cómo colocar al bebé para darle el pecho. ¡Un taller! ¿Acaso no sale eso de natural en cualquier madre recién parida? ¿Qué han hecho las mujeres que nos han precedido hasta aquí y gracias a sus reproducciones estamos hoy aquí? ¿Cómo lo hicieron las que vivían en el Antiguo Egipto, o en cualquier pueblo de Cuenca en la época visigoda sin talleres? Pues lo hicieron. Pero, sobre todo, no lo convirtieron en algo excepcional porque, si bien la maternidad es un maravilloso milagro, hacer de lo normal algo excepcional lo termina por desvirtuar. Es todo tan tremendo como si viésemos a un cachorro de perro no sabiendo utilizar su olfato para sobrevivir. Es tremendo lo que nos está pasando.

Pero, ¿cómo hemos llegado aquí? Sinceramente tengo todas las preguntas y apenas ninguna de las respuestas pero creo que en el discurso de las feministas de a partir de los sesenta (no las de principios de siglo), hay bastante de la explicación. Hombres y mujeres no somos iguales. La gorila, por ejemplo, lo tiene claro. Somos iguales en derechos pero no somos iguales. Negarlo es negar la biología. Y podemos hacerlo pero la biología ignora por completo lo que nosotros digamos y sigue a lo suyo. Vean si no la cantidad de mujeres angustiadas en tantos procesos de FIV. Ellas dijeron: yo primero me desarrollaré como mujer profesional y, quizás con 38 o 39 tendré hijos. Es una opción absolutamente respetable pero deben saber que la biología no entiende de pensamientos. Solo de supervivencia.

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El nacimiento de Venus, la diosa de la fertilidad, de Boticelli

Todos estos procesos, la maternidad es solo un ejemplo aunque es algo determinante de nuestra esencia, nos han llevado a un mundo tecnológicamente muy avanzado pero cada vez más lejano de nuestra esencia. Es por ello que ahora adolecemos mucho más de ansiedad, trastornos del comportamiento, depresiones…hemos llenado nuestra vida de avances que nos han vaciado el alma como nunca en la historia de la humanidad se había hecho. Y el hombre, el macho, está completamente desnortado y desorientado antes tanto cambio que no puede comprender porque no está diseñado para hacerlo. Es como si a nosotras nos capasen la capacidad de reproducirnos.

Desde luego no estoy defendiendo actitudes machistas ni muchísimo menos. No debería explicarlo pero la sociedad ñoña que nos invade en la elevación a los altares de la corrección política me indica que lo explique y deje bien claro: soy feminista, defiendo la igualad de derechos y oportunidades pero encuentro un error la ideología de género que ha sustituido el desprecio a la mujer por el desprecio al hombre. No compro la ideología de estar constantemente defenestrando al hombre por el hecho de serlo. Es una ideología dañina, tanto como la que desprecia a la mujer por el hecho de serlo.

No todos los hombres son violentos y pegan. Afortunadamente son una minoría. Como minoría son las mujeres que matan a sus propios hijos. Necesitamos al hombre y no solo para reproducirnos. También lo necesitamos para muchas otras cosas. Defenestrar y despreciar al hombre, al macho, es la desconexión con telúrico. Si la mujer deja de ser mujer, el hombre deja de ser hombre. La hembra, como siempre me cuenta Sira Antequera, tiene que recuperarse porque es la naturaleza, lo ctónico, el ser. La hembra es la fertilidad, es la maternidad, es el cuidado y el amor primario. ¿Acaso hay mayor demostración de fuerza que esa? ¿No somos el sexo fuerte entendiendo por fuerza lo que nos impulsa a continuar frente a la diversidad?

Muchas voces creen que estamos entrando en el ocaso de nuestra civilización tal y como la hemos conocido. Yo no soy tan catastrófica pero que estamos en una profunda crisis de identidad en occidente sí que lo tengo clarísimo. No solo nos hemos desconectado de la naturaleza (maternidad), también hemos echado de nuestro lado dos mil años de cristianismo que, con sus luces y sus sombras, también conforman lo que somos, en lo que creemos y donde nos sustentamos. La ilustración empezó a despejar el camino y, si bien trajo cosas maravillosas, también enterró nuestras raíces. ¿Y qué es alguien sin raíces? Es nadie.

No sabemos el futuro (gracias a Dios), pero sí conocemos el pasado del que podemos sacar grandes enseñanzas. Y estas, entre otras cosas, nos cuentan que los grandes discursos extremistas jamás trajeron nada bueno. Miremos de nuevo hacia dentro, hacia los hombres que forman parte de nuestras vidas y preguntémonos si ellos son los enemigos. Yo no lo creo. Lo que sí que creo es que detesto tanto el machismo como las mujeres que se creen que todo lo macho representa la maldad y que hay que caparlo. Detesto esa guerra histérica que tienen contra todo lo masculino. Muchas de ellas son madres de varones a los que han criado y amamantado con amor. ¿Qué les dirán cuando crezcan?

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One thought on “El macho ha muerto. Él se murió y entre todas lo mataron

  1. Simplemente perfecta reflexión.
    Gracias por decirlo en voz bien alta.

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