Madres tóxicas, adultos heridos

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Cuadro Reina Blanca del pintor Albert Edelfelt: Padre del realismo en Finlandia. Pintado en 1877

Cuando decidí que este blog se llamara Madre no hay más que una, lo elegí de manera consciente aún a sabiendas de que muchos lo relacionarían con el dichoso refrán que así comienza y que termina con el “y a ti te encontré en la calle”. Ciertamente los refranes son de las cosas más sabias que tenemos, no solo en la cultura española, sino en general. Contaba la tía de una amiga mía que fue enfermera durante la guerra civil española, que todos los moribundos en los hospitales terminaban llamando al final a sus madres. Curiosamente, nunca, ninguno, llamó a su padre o incluso a su mujer. ¿Qué tendrá la madre, verdad, que tanto nos conmueve, para bien o para mal?

Pues lo tiene todo, por suerte pero también por desgracia. Porque cuando la madre resulta ser amorosa y acogedora, las cosas van sobre ruedas pero cuando no es nada de esto, todo se tuerce. El problema es que la ciencia no ha dedicado muchos estudios a esto y lo cierto es que es de las cosas más importantes en nuestro ser. Todas las culturas sin excepción, incluso las más machistas como la católica, hacen reverencia a la figura de la madre. La Virgen María, en esta última, está reverenciada por eso, por ser madre, no por ser mujer. La fecundidad siempre ha sido una motivo de devoción. Y la falta de ella, en muchísimas culturas, una desgracia. Y siempre culpa de la mujer que, en el mejor de los casos, sería repudiada por el hombre y la sociedad. Tampoco sorprende, ¿verdad?

Cuando me convertí en madre todo mi mundo entero se puso del revés. Y esta obviedad se refiere especialmente a mi mundo interior. Muchas cosas que estaban latentes en forma de heridas de la infancia y la relación con la madre, salieron en forma de nubes marrones que yo no sabía interpretar. Cuando te conviertes en madre, de manera inconsciente conectas con la tuya y todos los recuerdos, los conscientes y los inconscientes, vienen a ti. Sabemos que somos las madres que nuestras madres fueron con nosotras, al menos en el primer impulso. Pero si tuvimos una madre tóxica podemos, lo que en psicoanálisis se llama, matarla. Esto es, romper con el sentimiento de culpa, rencor, odio, tristeza, el que sea, que tengamos hacia ella, para construir, desde la limpieza emocional, uno nuevo que nos permita maternar sin traumas.

Hacer eso requiere un esfuerzo considerable porque supone asumir que hay un problema que, desgraciadamente, no podemos subsanar porque nada que se haya producido en el pasado puede ser modificado. Si tu madre te ha pegado de manera constante, te ha criado a gritos o recordándote, a cada paso que dabas, que eras una inútil, eso no lo puedes cambiar. Lo que sí puedes es aceptarlo para pasar página. Pero no se pasa página sin haber elaborado un duelo. Y eso es lo que muchos no están dispuestos a asumir. Es mucho más fácil la actitud del avestruz, meter la cabeza y hacer como si eso no existiera. Cuando eso pasa entonces enfermamos de muchas cosas, del alma, nos hacemos agresivos, o no somos capaces de enamorarnos y construir otra pareja o, de forma muy inconsciente, nos negamos a ser madres. Es curioso pero en muchas amigas que tengo que siempre tuvieron claro que no querían hijos, hay historias en la relación de ellas con sus madres o con sus hermanos, que han influido enormemente en esa decisión absolutamente respetable.

La madre representa mucho más que la persona que te cuida. Eso, al fin y al cabo, lo puede hacer cualquiera. Pero lo que de verdad nadie puede sustituir es esa conexión espiritual que cada madre establece o debería establecer, con su hijo. Esa mano que te toma la temperatura, esa llamada cuando ya tienes 40 años y te rompes y lloras sin vergüenza ni disimulo. Y, supongo, esa sensación de orfandad cuando se marchan para siempre.

Hay una escena en la película Lo que el viento se llevó en la que la niña que Rhett Butler y Scarlett tienen, se despierta en medio de la noche llorando y llamando a su madre (. El padre dice entonces en alto que, está claro que incluso las madres que no quieren a sus hijos, siguen siendo las mejores madres para esos hijos. No es literal pero sí quiere decir eso. Y es así. La naturaleza ha dispuesto ese rol y precisamente por eso, cuando una madre se comporta de una manera, digamos, desnaturalizada, y maltrata al hijo, se generan esas heridas tan profundas en los adultos. Hay muchas maneras de maltrato y me atrevería a decir que hace incluso más daño que el físico, la ausencia de amor. El ser una madre desapegada, sin ofrecer a los hijos cariño, entrega y esa palabra que la RAE no incluye pero que a mí me encanta: maternaje, también genera grandes estragos psicológicos en la vida del adulto. ¿De qué nos sirve tener una sanidad con buenos especialistas psiquiátricos para la etapa adulta si no atendemos a la base? Quizás en proporcionar esos importantes cuidados perinatales encontraríamos la manera de mejorar mucho, bastante, la sociedad.

Este post lo he escrito después de haber leído esta maravilla de artículo de Olga Carmona en el País. Se lo recomiendo.

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2 thoughts on “Madres tóxicas, adultos heridos

  1. Hola Gema,
    Soy seguidora tuya desde que descubrí un artículo tuyo que me encantó. Tu manera de pensar en cuanto a la maternidad o las relaciones de pareja, es tal cual lo que yo pienso. Hoy a leer tu artículo, me entristece leer que pongas la religión católica como ejemplo de machismo, ya que es la religión que yo profeso y con la que he crecido. Creo que hay religiones mucho más dignas de este calificativo, sólo que por lo visto no debe ser políticamente correcto nombrarlas. En cuanto a la religión católica, en el Nuevo testamento, no sólo se adora a la mujer por su maternidad, como es el caso de la Madre de Jesús, si no por su condición de mujer, como es el caso de Maria Magdalena. Además , creo que hay que entender el contexto histórico en el que se desarrolla. No es lo mismo el concepto de lo que era una mujer hace 2.000 años, que el que hay en la actualidad.
    En fin aquí mi reflexión y agradecimiento por tu atención.

    1. Hola, yo también soy católica y, además, practicante. Y sí creo que la iglesia católica fue machista, más que anda porque el mundo lo ha sido durante siglos. Así que no te ofendas. Especialmente porque no estoy ofendiendo a mi propia religión que profeso con devoción y convicción.

      Un abrazo

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