¿Uniforme escolar? Muchas gracias, pero no

uniformados-1Ha sido un gran verano. Hemos disfrutado de nuestras hijas a tope. Las niñas, que siguen estando enamoradas de su papá (es lo que tiene tener niñas) han reforzado sus vínculos conmigo y, me atrevería a decir que han desarrollado una especie de mamitis importante a tenor de las veces que dicen mami a lo largo del día. El verano o, mejor dicho, las vacaciones llegan a su fin y llega la esperada rutina. A mí, por lo menos, me gusta muchísimo. Aunque sólo sea para poder romperla ocasionalmente.

Ha sido un verano de acostarse tarde, de comer helados, de estar en pijama hasta las dos de la tarde, de dormir hasta las 12 de la mañana, de ir mucho a la playa, de estar desnudas en la playa, de disfrutar de los cuatro abuelos, de estar con primos de ambas partes, de jugar, jugar y jugar. Pocas normas y muy concretas y, sobre todo, dejarles en la cabeza, en sus recuerdos, que el verano es eso: felicidad en estado puro. Hemos sido muy felices como padres haciéndolo. Cada día que pasa notamos cómo disfrutamos más y más de nuestras hijas. Es el gran regalo de la vida.

Y ahora, digo, toca empezar de nuevo. La semana que viene Doña Tecla comienza las clases. Moyenne section, o el equivalente a segundo de infantil. Mofletes Prietos puede comenzar a ir al colegio de su hermana en cuanto cumpla los dos, hecho que sucederá en noviembre, pero hemos decidido esperar a Enero para que lo haga. Entrará en una clase que es previa a la educación infantil, es decir, a una guardería, pero dentro del centro escolar.

Así que hay que prepararlo todo y eso hice hace unos días. Coger la cartera y de compras a equipar. El colegio de mis hijas no tiene uniforme. Y no lo tendrán más tarde. El Liceo francés no lo tiene. Esto, que puede parecer a priori, una desventaja, es en realidad un acierto que va en línea con el modelo pedagógico del sistema que tanto me gusta y que, por tanto, he escogido. Cada vez estoy más contenta con la decisión. Estaba leyendo esta mañana un magnífico artículo firmado por Azucena Caballero, co directora de la Pedagogía Blanca sobre este eterno debate: ¿Uniforme sí o uniforme no? Lo puedes leer aquí

Cada vez que escucho defender el uniforme las razones son siempre las siguientes:

ejército– Es más cómodo. ¿Para quién? Obviamente para los padres ya que así no tendrán qué pensar ni tendrán que discutir con sus hijos sobre qué ponerse cada mañana. He ahí el quid de la cuestión. Imponer a tus hijos qué se ponen cuando, precisamente, el modo de vestir y, por lo tanto, la decisión de hacerlo, define muchísimo la personalidad de un ser humano. No en vano, muchas veces, por cómo va peinada o vestida una persona podemos intuir cómo piensa, cómo vive…Que no debería ser así es cierto. Pero no menos cierto es que por la forma de vestir de una persona podemos intuir muchas cosas de su vida. Las buenas, sobre todo.

No se trata de dejar que hagan lo que les dé la gana especialmente si les perjudica, por ejemplo, llevar sandalias a dos grados bajo cero. Se trata de, dentro de unas pautas, dejarles que escojan. Porque el gusto también se educa. De la misma manera que les indicamos el camino a la hora de comportarse en sociedad, los padres debemos indicarles también algunas nociones de buen gusto. Luego ya, con los años, ellos mismos definirán qué les gusta y qué no.

Estando este verano en casa de mi madre, una de las grandes “peleas” que tuve con ella fue su sempiterna manía de ir detrás de Doña Tecla para ponerle una coleta o una pinza. Doña Tecla tiene el pelo rizado como servidora (en la foto que acompaña al blog había ido a la peluquería, no se fíen) y le gusta llevarlo al aire, suelto. Con el verano se le ha puesto rubito y la verdad es que tiene una pinta que a mí me encanta. A ella no le gusta que se lo recojamos. Ella, como buena Libra que es, tiene un marcado sentido estético y pone mucha atención a la ropa que se pone, a los zapatos y a las “poseyas” (pulseras) Gusta de mirarse en un espejo antes de salir y siempre busca mi aprobación con la mirada. Y hasta que no le digo: ¡Qué guapa estás! no parece quedarse tranquila. Así que los días que hemos estado en casa de los abuelos maternos, cada mañana mi madre la perseguía para ponerle coleta y lazo y la otra huía como gato del agua. Por supuesto me dijo la sempiterna frase: ” Ay que ver qué mal la estás educando que dejas que haga todo lo que le da la gana” No es cierto, no dejo que haga todo lo que le da la gana. Simplemente escojo las batallas que quiero librar y, francamente, si a mi hija le gusta llevar el pelo suelto, ¿por qué motivo no voy a dejar que lo lleve? “¡Ya verás cuando le digan algo en el colegio!”, me espeta. Y es que, justamente, en el colegio no le dicen nada. Es más, puede llevar hasta las uñas pintadas si quiere. Y lo hace, de hecho, a veces. No veo cuál es el motivo para impedírselo.

igualesRecuerdo con horror esas mañanas de mi infancia en las que mi madre me peinaba y me hacía un daño terrible para quitarme los nudos. Y luego el dolor de cabeza que se me ponía por llevar esas coletas tan tirantes, sólo porque a ella le gustaba cómo me quedaban. ” Es que tienes el corte de cara muy bonito” Ya, pero a mí no me gustaba. Hoy día es raro que me recoja el pelo. Ni siquiera lo hice el día de mi boda. Me molesta. Me gusta llevarlo suelto, sin ataduras. Quizás por la obligación de mi madre de llevarlo sujeto.

Así que (volviendo al tema que me enrollo) lo de la comodidad es aplicable a las madres pero no a los niños. Ya me dirá qué tiene de cómodo jugar con una falda de tablas o con un pichi en un patio con arena en lugar de hacerlo con unos vaqueros y unas deportivas.

Estropea la ropa. Esta es, con diferencia, la frase menos consistente de todas. Es la excusa menos fuerte desde mi punto de vista. Para empezar, que levante la mano quién tenga hijos a los que le sirva la ropa de un curso para otro. Y no se trata sólo de las tallas. Es que la ropa, aunque sea la de un uniforme, se gasta y lo que han usado los mayores a diario, los pequeños no lo van a poder heredar. O sí pero lleno de remiendos. Si la cuestión fuese económica no diría nada porque cada uno sabe perfectamente lo que tiene en casa pero cuesta lo mismo comprar dos uniformes completos con sus zapatos y abrigo a juego que equipar a un niño/a para todo el invierno con ropa de trote, es decir: tres o cuatro vaqueros, tres o cuatro polos y dos jerseys más un par de zapatillas de deporte que no tienen que ser de marca.

igualesdiferentes– Marca la diferencia entre niños. Bueno, precisamente es lo que a mí me gusta. Que haya diferencias. Pero no diferencias de tú tienes más dinero. No, ni muchísimo menos. Diferencias de criterio a la hora de vestir, a la hora de pensar, a la hora de ser. A mi hija mayor le gustan unos juguetes (los coches y los animales) y a la pequeña le gustan otros (los bebés y las motos) Y ambas están recibiendo la misma educación y los mismos modelos. Sin embargo la peque, con 21 meses ya demuestra perfectamente sus gustos. Incluso en la ropa queriendo ponerse unas zapatillas u otras. A la mayor le gusta ponerse muchas pulseras en la mano. Me gusta que la gente marque sus diferencias a través de su estilo. ¿Qué tiene de malo que una niña que va a cumplir en un mes 4 años tenga claro que le gusta más el color azul que el verde? A mí, particularmente no me parece mal. En cuanto a las diferencias sociales pues eso dependerá mucho de los padres, más que de los hijos. Yo fui a un colegio con uniforme y sabíamos perfectamente quién llevaba un estilo de vida más “acomodado” que otro por muchos otros detalles, por ejemplo, las actividades extraescolares. La diferencia en pensar de manera diferente, en tener criterios distintos, en tener capacidad de elección. Somos iguales en derechos y obligaciones. Pero no en formas de pensar. Eso se tiene que mamar desde pequeños. Y la ropa es una buena manera y aunque parezca algo superficial, no lo es. El pasado curso a Doña Tecla le comenzaron a hablar, a través de cuentos como Elmer, el elefante, de la importancia de ser diferente a los demás, de la importancia de no sentirte mal si no eres como los demás.

Fomenta el bulling. Se quiera o no, el buying no tiene que ver por la ropa. Generalmente tiene que ver con rasgos físicos (llevar gafas, estar gordito, ser pelirrojo) o por la actitud (tener muy buenas notas, ser un empollón…ser tímido) Las marcas también están presentes en los uniformes. Hay polos de uniforme blancos de marca y otros de Alcampo. Hay zapatos baratos y los hay caros. Hay relojes, estilos de vida, que si esquías en los Alpes y yo no. Que si tienes caballos y yo no. Eso no depende de llevar uniforme sino del estilo de educación que se marque en casa y, sobre todo, que se vigile en el centro.

Genera capacidad de elección. Me gusta la diversidad. No me gusta la uniformidad. Me gusta que la gente sea libre y que lo sea desde pequeña. Tendemos a no respetar a los niños por el mero hecho de que son niños y no atendemos a sus peticiones. Y no es libertinaje. Mis hijas no pueden decidir viajar sin cinturón de seguridad, tampoco pueden decidir a qué hora se acuestan o qué comen. Tampoco deciden si van al colegio o no van. Por lo tanto sus padres decidimos por ellas el 90% de sus vidas. Porque les demos una parcela donde puedan aprender a elegir, a tomar decisiones en algo tan fundamental como es el aspecto físico, no creo que las estemos maleducando. Queremos tener hijos que de mayores sean personas libres y con criterio pero capamos en su infancia su capacidad para aprender a elegir. Y es que a escoger también se aprende. En realidad, salvo dormir y respirar y alguna función básica y fisiológica, todo se aprende en esta vida. Hay una frase que se la meto a fuego en la cabeza (es un decir) a mi hija mayor cuando está indecisa sobre qué hacer para jugar, si quedarse en casa jugando con los caballos o ir al parque. Si jugar con los coches o pintar. Y siempre le digo: Siéntete libre de hacer lo que más te apetezca porque es tu tiempo de juego, así que juega a lo que quieras. Me parece fundamental que nuestros padres nos inculquen la capacidad para escoger. Eso también forma parte de educar. Imponer no es educar. Es otra cosa.

Así que estoy de acuerdo, una vez más, con las chicas de la Pedagogía Blanca. No me gustan los uniformes. Y, además, recuerdo con espanto la época en la que lo llevaba. Llegó un momento en el que, además, me sentía ridícula. Sobre todo cuando ya tuve pecho y caderas me veía con esa tabla de cuadros, esos zapatos gorila. En fin.

Dicho todo esto, añado (un par de horas más tarde) lo siguiente:

– No es lo mismo tener una niña que un niño. Las niñas, generalmente, le suelen dar más importancia a la ropa que les pones. Los psicólogos lo pueden explicar muy bien. 

 

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9 thoughts on “¿Uniforme escolar? Muchas gracias, pero no

  1. Se ve que eres una persona apasionada. Le das mucha importancia a cosas que para mí no la tienen. Yo he llevado uniforme, mis hijas también, y te aseguro que no arrastramos ningún trauma. Un saludo.

    1. Sí, soy una persona apasionada. ¿Crees que arrastro algún trauma por haber llevado uniforme? ¿Dónde has leído semejante afirmación? ¿interpretas siempre así las cosas o sólo mi blog? En cuanto a lo que tus hijas opinen igual deberías dejar que pase un tiempo. Quizás en un futuro las tuyas te confiesen que era un coñazo llevarlo y las mías, que era un coñazo no llevarlo. En cuanto a que le doy importancia a muchas cosas que para ti no la tienen me parece un alivio leer eso. ¿Imaginas que todos fuésemos iguales? Sería francamente aburrido. Un saludo y muchas gracias por tu interesante aportación.

  2. Totalmente de acuerdo. El año pasado me gasté un pastón en uniformes, creyendo que todos los niños lo llevarían y que bueno, siempre había oído que era súper cómodo… Craso error. Con ese dinero habría equipado al niño con su ropa favorita, que es además la mejor opción: chándal! Pero además equipado de verdad, para todo el año. El chiquillo se hartó de decirme que le molestaba el pantalón de uniforme, que iba incómodo, que no le gustaba, que pasaba calor, etc. Se le quedó pequeño igual que el resto de su ropa, lo rompió por las rodillas igual que todos sus pantalones, era un rollo tener que cambiarle al recogerle del cole si íbamos a cualquier otro sitio, incluida nuestra casa, había que planchar la raya  y como tenía solo dos, estar pendiente de tener el de repuesto listo siempre. En fin, ni cómodo, ni barato, ni bonito, ni adecuado a su edad y actividad,  ni na de na. Y no le obligué, di por pérdida la pasta invertida y me fui a por sus chándales y camisetas chulas con los que tampoco me rompo precisamente la cabeza. También totalmente de acuerdo con el argumento sobre educar su gusto estético y aprender a respetar el de los demás. Esos valores se trabajan en casa.Trauma no tenemos los que hemos llevado uniforme, pero cuando llegó el momento de elegir la propia ropa sentimos un solidario chute de liberación. Y qué demonios, trauma también alguno que otro que se sintió ridículo en una piel que no era la suya. No hay más que ver cómo van algunas preadolescentes con ese horror de faldas de tablas justo por debajo del culo, sentadas con el muslo desnudo directo al banco, y esas medias por encima de la rodilla… sin comentarios. 

    1. Jajaja, qué bueno tu comentario, Águeda. Jajajaja. Y sí, lo del uniforme remangado como si fuese un cinturón da qué pensar. Gracias por comentar. Un beso.

  3. Gema : soy maná de una dama de 17y un hippie de 7. Nada en común,  salvo compartir genética.  No creo en el uniforme,  de la misma manera que no creo que el tronco de un árbol sea marrón.  Si el enano lo pinta de rosa,  genial.  Él sigue probando estilos,  ahora se deja melena y en cuestión de defender sus gustos,  me complica más la vida que su hermana mayor.  Que sean buena gente,  eso es todo lo que debe importarnos (yo era de esas que se remangaba a la cintura la falda).   Hoy en día veo una corbata y me entra un instinto homicida o lo disfrazo de una actividad lúdica /sexual…. Un poco en broma,  un poco en serio,  las normas de esos colegios y su rigidez,  colaboraron en que sea una desconfiada de estos sistemas… Y a la foresta “comentarios 40”, le comento que sí,  que a mi el uniforme me marcó,  que creó en mí prejuicios que no venían de fabrica.  Debemos motivar el crecimiento de la individualidad de nuestros hijos.  Ellos no son piezas de un engranaje.  Aquí dejo de dar la chapa… Un artículo fresco,  realista y cercano.  Gracias.

    1. Jajaja me has hecho reír. Muchas gracias por tu amable y simpático comentario. Besos.

  4. Hola Gema.El uniforme tiene de malo que esconde al niño dentro del grupo y lo despersonaliza a el y a sus acciones.La ropa elejida favorece la personalidad y la responsabilidad, no te puedes esconder detrás de un uniforme. El único problema que tiene son las marcas, como al niño le dé por vestirse exclusivamente con ropa de marca te quintuplica el coste de la vestimenta y, lo que es peor, condiciona sú autoestima y sú comportamiento.A menos que puedas manejar bién ese tema desde antes de entrar en el colégio.Un saludo from AR.

  5. Yo he llevado uniforme y me encantaba!! Lo lleve durante 3 años (lo que era BUP). Pero ahora como madre, no considero adecuado el uniforme de faldita o pantalon de pinzas para niños pequeños, poco practico e incomodo. Con mi hija de 8 años he llegado aun acuerdo: ella va de tiendas conmigo y elige su ropa (le doy varias prendas y ella escoge segun su gusto) pero en casa la ropa la elijo yo en funcion de lo que va a hacer o el tiempo que hace. Para el cole chandal o leggings. El tema da para escribir una entrada en cada respuesta!!!Amaya de lalibretadeamaya.blogspot.com

  6. Yo la verdad es que no tengo nada en conrta del uniforme. Yo llevé y no me coartó para nada. Mi hija, en colegio público, tb lo lleva y están todos encantados. Ella es capaz de elegir su ropa y su peinado el resto de días, y vaya si lo hace! Sé perfectamente con 4 años cuál es su ‘style’, lo ha descubierto ella misma este verano y no lo va a perder por llavar uniforme entre semana. cuando sale se puede cambiar y los fines de semana campa a sus anchas. A mi este alegato contrauniforme tampoco me parece muy objetivo…. No creo que llevarlo o no llevarlo marque la personalidad de nuestros hijo ni incite al bulling ni cosas por el estilo, sinceramente.

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